El Gobierno argentino ha presentado un nuevo régimen de incentivos fiscales denominado "Súper RIGI" (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias) con el objetivo de atraer inversiones de gran escala en sectores tecnológicos emergentes. Este proyecto, que se envió al Congreso para su aprobación, busca captar inversiones que superen los $1.000 millones por proyecto, enfocándose en áreas como inteligencia artificial, semiconductores, biotecnología avanzada e infraestructura tecnológica. La iniciativa surge en un contexto donde el país busca diversificar su economía y reducir la dependencia de sectores tradicionales como la minería y la energía, que han dominado el régimen RIGI anterior.

El régimen original, que se centra en proyectos energéticos y mineros, ha acumulado hasta la fecha 38 proyectos, de los cuales 14 han sido aprobados, con un compromiso total de inversión de $107.176 millones. Sin embargo, el nuevo Súper RIGI se distancia de esta tendencia al priorizar industrias que aún no están desarrolladas en Argentina. Este cambio refleja una estrategia del Gobierno de Javier Milei y Luis Caputo para transformar la matriz productiva del país y fomentar la creación de valor agregado dentro del territorio argentino, en lugar de depender únicamente de la exportación de materias primas.

Entre las características más destacadas del Súper RIGI se encuentra la exigencia de que cada proyecto debe comprometer al menos el 20% de la inversión total en los primeros dos años, lo que busca garantizar la ejecución efectiva de los mismos. Además, se establece un umbral mínimo de inversión de $1.000 millones, lo que limita la participación a grandes jugadores del mercado. Este enfoque podría atraer a empresas multinacionales interesadas en establecer operaciones en Argentina, lo que podría resultar en un aumento significativo de la generación de empleo y en la transferencia de tecnología al país.

Desde el punto de vista fiscal, el régimen ofrece una reducción en el Impuesto a las Ganancias del 25% al 15%, así como un esquema de amortización acelerada que permite a las empresas recuperar sus inversiones más rápidamente. También se contempla una disminución en la carga tributaria sobre dividendos y utilidades, que podría caer al 3,5% después de cuatro años. Estas medidas están diseñadas para hacer de Argentina un destino más atractivo para la inversión extranjera, especialmente en un contexto donde otros países de la región, como Brasil, están también compitiendo por captar capitales.

A futuro, será crucial observar cómo se desarrolla el proceso legislativo para la aprobación del Súper RIGI y cómo las provincias y municipios se adhieren al régimen. La implementación efectiva de este esquema podría tener un impacto positivo en la estabilidad económica del país, así como en la atracción de inversiones que generen empleo y promuevan la innovación. Los inversores deben estar atentos a los avances en el Congreso y a la respuesta del sector privado, así como a la evolución de la situación económica en Brasil, que podría influir en la competitividad de Argentina como destino de inversión en la región.