La plaza granaria de Chicago ha estado marcada por una intensa volatilidad en las últimas semanas, impulsada por diversos factores geopolíticos y climáticos. El conflicto bélico en Medio Oriente ha elevado el precio del petróleo Brent por encima de los 100 dólares, lo que genera incertidumbre en los mercados de materias primas. Los contratos futuros para el próximo año se mantienen por encima de los 80 dólares, lo que refleja la falta de claridad sobre la resolución de la crisis. Además, el reciente encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en Beijing, en el contexto de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, ha llevado a un acuerdo donde el país asiático se compromete a adquirir 17.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses durante este año y los dos siguientes.

La intersección de la geopolítica y el mercado de granos es cada vez más evidente. La visita de Vladimir Putin a Xi Jinping añade un nuevo capítulo a esta narrativa, lo que podría influir en las dinámicas comerciales en la región. En el ámbito climático, la siembra en Estados Unidos ha avanzado con éxito, y el clima ha sido favorable para el desarrollo de los cultivos. Sin embargo, el nerviosismo se intensifica a medida que se acerca el momento de la definición de los rindes, que se espera para julio en el caso del maíz y agosto para la soja. La reciente publicación del USDA sobre las proyecciones para la campaña 2026/27 destaca una reducción en la producción de maíz interanual, lo que podría resultar en menores existencias de cierre y una presión adicional sobre los precios.

En el mercado doméstico argentino, la realidad internacional se siente como un eco distante. Tras la supercosecha de trigo a fines del año pasado, los precios FOB argentinos han caído, situándose en un rango de 215 a 220 dólares por tonelada, mientras que la paridad sobre el FOB Índice se encuentra 20 dólares por debajo. Esta discrepancia puede explicarse por la dificultad de la molinería para obtener mercadería de calidad en un año de altos rendimientos. En el caso del maíz, los precios en Rosario rondan los 190 dólares por tonelada, mientras que la paridad FOB se sitúa en 180 dólares, lo que sugiere que el consumo interno podría estar traccionando los precios al alza.

La situación en el mercado de soja refleja un divorcio entre los precios internacionales y los locales. Aquellos que compraron opciones de compra (calls) en Chicago han visto un aumento significativo en los precios internacionales, mientras que el mercado argentino ha respondido de manera más moderada. Por otro lado, el trigo nuevo se presenta como una opción interesante para los productores, con precios cercanos a los 230 dólares por tonelada. Sin embargo, al analizar los precios históricos en Kansas para diciembre, se sugiere que los valores esperables podrían ser mayores, lo que podría generar un panorama optimista, especialmente si se considera la posibilidad de una reducción en los Derechos de Exportación.

A medida que se avanza hacia la próxima campaña, es crucial monitorear los desarrollos en el clima y la geopolítica, así como las decisiones de los principales actores en el mercado. La incertidumbre en el Medio Oriente y las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China seguirán influyendo en los precios de los granos. Los productores argentinos deben estar atentos a las fluctuaciones en los precios internacionales y a las condiciones del mercado interno, que podrían impactar sus decisiones de siembra y venta en los próximos meses.