La economía argentina presenta una situación alarmante en cuanto a la capacidad de las familias para cumplir con sus compromisos financieros. Un informe reciente de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia revela que más de 6,3 millones de adultos argentinos enfrentan dificultades para repagar sus deudas, lo que equivale a aproximadamente 1 de cada 6 mayores de 18 años en el país. Este fenómeno de morosidad ha crecido de manera exponencial, pasando de un 2,9% en febrero de 2025 a un 11,2% en febrero de 2026 en la cartera bancaria de las familias. Si se considera el segmento no bancario, que incluye financieras y billeteras, la mora total supera el 14%. Este aumento en la morosidad no es simplemente el resultado de decisiones individuales erradas, sino que refleja un deterioro generalizado de la situación económica de los hogares argentinos.

El informe destaca que la caída del salario real es uno de los principales factores detrás de este aumento en la morosidad. El ingreso mediano de los trabajadores, tanto del sector público como del privado, ha disminuido en comparación con 2023. Aunque se observó un rebote a finales de 2024, este se desinfló rápidamente, convirtiéndose en una caída sostenida. Además, los gastos fijos han aumentado considerablemente, con tarifas de gas y electricidad que han crecido más del doble que el salario mediano en los últimos dos años. Esto ha llevado a un fuerte deterioro del ingreso disponible de las familias, afectando su capacidad para cumplir con sus obligaciones financieras.

La situación es especialmente crítica para los jóvenes. Más del 40% de los menores de 25 años que han tomado créditos ya tienen problemas para pagarlos, un aumento significativo desde el 25% registrado hace un año. Este deterioro coincide con un aumento en el desempleo juvenil, que ha crecido 3,7 puntos porcentuales entre los varones jóvenes y 3 puntos entre las mujeres menores de 24 años, según datos del Indec. La combinación de salarios en caída, empleo precario y un acceso masivo al crédito ha creado un cóctel explosivo que afecta a miles de familias en el país.

Las diferencias geográficas también son notables. Las provincias que han experimentado una caída en el empleo formal, como Santa Cruz, Tierra del Fuego y Formosa, han registrado aumentos significativos en la morosidad. En Santa Cruz, por ejemplo, la irregularidad crediticia ha saltado 13,8 puntos porcentuales, mientras que la provincia ha perdido un 16% de sus puestos de trabajo registrados. Curiosamente, incluso en provincias donde se ha creado empleo, como Neuquén y Río Negro, la morosidad ha seguido creciendo, lo que sugiere que el problema va más allá del desempleo y está vinculado a un deterioro más profundo del poder adquisitivo y del consumo.

El crédito, que durante 2024 y parte de 2025 funcionó como un soporte para el consumo, ahora podría convertirse en un obstáculo para la recuperación económica. Muchas familias financiaron sus gastos cotidianos con la esperanza de una rápida recuperación salarial, pero ahora se enfrentan a la realidad de que una parte significativa de los futuros aumentos salariales podría destinarse a saldar deudas atrasadas, en lugar de reactivar el consumo. Este cambio en la dinámica del crédito podría frenar la recuperación económica en el país, lo que plantea un desafío estructural para la economía argentina en su conjunto.