Montreal, la segunda ciudad más poblada de Canadá, ha decidido no ser sede del Mundial 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá. Esta decisión se debe a la carga económica que representaría para la ciudad, recordando el trauma financiero que dejó la celebración de los Juegos Olímpicos de 1976. En aquel entonces, Montreal enfrentó una crisis financiera que la ciudad tardó décadas en superar, lo que ha influido en su decisión actual de no albergar partidos de la Copa del Mundo.

Los Juegos Olímpicos de 1976 fueron un evento memorable por las hazañas deportivas, como la actuación de Nadia Comaneci, quien logró la primera calificación perfecta en gimnasia. Sin embargo, el legado de esos juegos fue una deuda monumental. El costo inicial proyectado de 124 millones de dólares se disparó a miles de millones, dejando a la ciudad con una deuda de 990 millones de dólares canadienses, que se pagó a través de impuestos y loterías durante más de 30 años. Esta experiencia ha dejado una huella indeleble en la memoria colectiva de Montreal, lo que ha llevado a las autoridades a rechazar la posibilidad de repetir una historia similar.

La decisión de no albergar el Mundial se formalizó en julio de 2021, cuando el gobierno provincial de Quebec retiró su apoyo financiero, citando el aumento de costos que se había duplicado en pocos años. Este cambio de postura se debe a que se estimaba que el costo para el gobierno de Quebec para albergar el evento en Montreal podría alcanzar los 103 millones de dólares canadienses. La ministra de Turismo de Quebec, Caroline Proulx, explicó que las condiciones impuestas por la FIFA eran difíciles de justificar para los contribuyentes, lo que llevó a la ciudad a priorizar eventos que forman parte de su identidad cultural.

Desde el punto de vista financiero, la decisión de Montreal de no participar en el Mundial 2026 puede tener implicancias para la economía local. Se estima que los 13 partidos de la Copa Mundial en Canadá costarían al menos 1,000 millones de dólares canadienses en fondos públicos. Esto significa que Montreal, al no ser parte del evento, evitará una carga financiera significativa, pero también perderá la oportunidad de atraer turismo y generar ingresos a corto plazo. Las proyecciones indican que el evento podría haber generado ingresos de entre 20 y 25 millones de dólares canadienses anuales, como los que actualmente se obtienen del Parque Olímpico.

A futuro, la decisión de Montreal de no albergar el Mundial podría influir en otras ciudades de la región que están considerando eventos de gran escala. La experiencia de Montreal podría servir como un caso de estudio para otras ciudades que enfrentan decisiones similares. En un contexto donde el costo de los eventos deportivos se ha vuelto cada vez más elevado, es probable que otras localidades evalúen cuidadosamente los beneficios y riesgos antes de comprometerse a ser sede de grandes competiciones. La situación en Montreal podría ser un indicador de cómo las ciudades manejan sus finanzas en relación con eventos deportivos internacionales en el futuro.