Los metales industriales han experimentado una notable volatilidad esta semana, impulsada por el aumento de los temores inflacionarios que han presionado los mercados de bonos a nivel global. El futuro del cobre para entrega en agosto cayó un 1.3% en la Bolsa de Metales de Londres el martes, pero logró recuperarse un 0.5% el miércoles, alcanzando los $13,477 por tonelada. Este metal, esencial en una variedad de productos como cableado eléctrico, maquinaria y plomería, es considerado un indicador clave de la salud económica global.

El aluminio, níquel, estaño y zinc también han mostrado oscilaciones significativas entre ganancias y pérdidas. Estas fluctuaciones se producen en un contexto de comercio volátil en los mercados de bonos y acciones a nivel mundial. Las acciones globales han estado sujetas a movimientos erráticos mientras los inversores evalúan los resultados corporativos y los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU., que han alcanzado niveles máximos en varias décadas. Los analistas han señalado que las perspectivas para muchos metales industriales están nubladas debido a complicaciones tanto en la oferta como en la demanda.

En un análisis reciente, los estrategas de Macquarie advirtieron que los riesgos potenciales para el zinc están más relacionados con las presiones de demanda, dado que aproximadamente el 55% de su demanda final proviene del sector de la construcción, que es particularmente vulnerable a cualquier desaceleración económica. En cuanto a la oferta, el aumento en los costos de diésel, ácido y explosivos está afectando los márgenes, aunque esto no debería ser un problema a los precios actuales de los metales. Por otro lado, los precios de la energía en Europa representan un riesgo clave para los fundidores de zinc en esa región, aunque hasta ahora los precios de la electricidad no han mostrado una reacción significativa a la situación en Oriente Medio.

La incertidumbre también ha afectado al aluminio, donde una oferta estructuralmente ajustada se enfrenta a una débil demanda final en Europa y América del Norte. Este metal es crucial en industrias como la electrónica, el transporte y la construcción, así como en la producción de paneles solares y empaques. Aproximadamente el 9% de la oferta global de aluminio proviene del Golfo Pérsico, y la mayoría de las empresas en esa región han tenido dificultades para exportar el metal más allá de sus fronteras desde que Irán cerró efectivamente el Estrecho de Ormuz. A medida que el conflicto persiste, los riesgos de suministro se están volviendo más arraigados.

A pesar de las presiones macroeconómicas, el mercado físico de cobre sigue siendo altamente sensible a los riesgos de interrupción del lado de la oferta. El regreso a operaciones completas en la segunda mina de cobre más grande del mundo, Grasberg en Indonesia, se ha retrasado hasta 2028 tras un deslizamiento de tierra fatal en 2025. Además, las inundaciones en la mina Kamoa-Kakula en la República Democrática del Congo y un accidente en la mina El Teniente en Chile también han afectado el suministro en el último año. En este contexto, muchos suministros físicos de cobre siguen concentrados en almacenes de EE.UU. debido a la acumulación impulsada por aranceles, limitando la disponibilidad en el mercado más amplio.

La perspectiva a corto plazo para los metales industriales, especialmente el cobre, se presenta incierta. Los precios del cobre, aunque han alcanzado niveles históricamente elevados alrededor de $13,500 por tonelada, están en un rango volátil de $13,200 a $13,800. Para que se produzca un aumento significativo, se requerirá una estabilización en los rendimientos de los bonos globales y una recuperación más clara en la actividad industrial en China. Los inversores deben estar atentos a los resultados económicos en EE.UU. y China, así como a cualquier desarrollo en los mercados de energía que pueda influir en la oferta y la demanda de metales industriales.