Colombia ha registrado un crecimiento del PIB del 2,2% en el primer trimestre de 2026, alineándose con las tasas de crecimiento de otros países de la región. Sin embargo, este avance se ve opacado por desafíos significativos en materia de inversión, productividad y acceso a energía. Ramiro López-Ghio, representante del Grupo BID en Colombia, enfatiza la necesidad de incrementar tanto la inversión pública como privada para alcanzar un crecimiento económico más robusto a mediano y largo plazo.

El contexto actual revela que, aunque Colombia está en una senda de crecimiento, su exportación per cápita se sitúa en aproximadamente US$900, una cifra notablemente inferior a la de México (US$4.700) y Costa Rica (US$4.000). Esto indica que el país tiene un potencial considerable para expandir su base exportadora, especialmente en sectores donde la demanda global está en aumento, como energía, minerales y alimentos. La ubicación geográfica de Colombia, con acceso al océano Pacífico y al Caribe, la posiciona favorablemente para diversificar sus mercados de exportación.

Uno de los principales obstáculos que enfrenta Colombia es la falta de cobertura energética, con más de un millón de hogares sin acceso a electricidad. Esta situación limita las oportunidades de desarrollo y crecimiento económico, ya que la falta de energía afecta directamente la capacidad de las comunidades para generar empleo y reducir la pobreza. López-Ghio subraya que la conexión a la energía es crucial para integrar al país en un mundo cada vez más digitalizado, donde la inteligencia artificial y el internet son fundamentales para el progreso.

Desde la perspectiva de inversión, el crecimiento sostenido de la economía colombiana depende de la mejora en la productividad. Para ello, es vital que el país trabaje en la internacionalización de su economía, diversificando no solo los productos que ofrece, sino también los destinos de sus exportaciones. Esto no solo fortalecerá la economía, sino que también contribuirá a una reducción de la pobreza y la desigualdad en el país. La sostenibilidad de la deuda también es un aspecto que debe ser monitoreado, dado que Colombia ha mantenido un enfoque riguroso en su macroeconomía, lo que es esencial para el bienestar de su población.

A futuro, los expertos han delineado una hoja de ruta que incluye seis centros de pensamiento que abordan los desafíos en seguridad energética y sostenibilidad fiscal. La próxima reunión de seguimiento a estas iniciativas será clave para evaluar el avance en estos temas. Además, el informe sobre el aumento de la temperatura media en América Latina y el Caribe, que superó en 0,40 °C el promedio del periodo 1991-2020, resalta la urgencia de abordar también los problemas ambientales que afectan la inversión y el crecimiento económico en la región.