- La previsión de crecimiento global para 2026 se ha reducido al 2,5%, desde el 3,0% en 2025.
- Se anticipa que la inflación en economías desarrolladas aumente del 2,6% al 2,9% en 2026.
- El crecimiento en Asia Occidental se proyecta que caerá del 3,6% al 1,4% debido a la crisis en la región.
- Estados Unidos se mantiene resiliente con un crecimiento proyectado del 2,0% en 2026, gracias a la fuerte demanda interna.
- La proyección de crecimiento para la Unión Europea se reduce del 1,5% al 1,1%, afectando a las economías más dependientes de la energía importada.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha ajustado a la baja su previsión de crecimiento económico global para 2026, situándola en un 2,5%. Este recorte se atribuye principalmente a la crisis en el Oriente Medio, que ha reavivado las presiones inflacionarias y ha incrementado la incertidumbre en los mercados. La proyección anterior era de un 3,0% para 2025, lo que indica un debilitamiento significativo en comparación con las tasas de crecimiento pre-pandemia.
Para el año 2027, la ONU espera una leve recuperación con un crecimiento proyectado del 2,3%. Sin embargo, este aumento es modesto y refleja un panorama global que sigue siendo moderado. A pesar de que se anticipa que los mercados laborales se mantendrán sólidos y que la demanda de los consumidores permanecerá resiliente, la presión inflacionaria derivada del aumento en los precios de la energía sigue siendo un factor preocupante para las economías en desarrollo y desarrolladas.
En términos de inflación, se prevé que en las economías desarrolladas esta aumente del 2,6% en 2025 al 2,9% en 2026, mientras que en las economías en desarrollo se espera un incremento del 4,2% al 5,2%. Este aumento en los precios de la energía ha beneficiado a las empresas del sector energético, pero ha intensificado las presiones de costo sobre los hogares y las empresas, lo que podría afectar el consumo y la inversión en otras áreas.
Particularmente en Asia Occidental, se estima que el crecimiento caerá drásticamente de un 3,6% a un 1,4%, debido a los daños a la infraestructura y a la disminución del comercio y el turismo. En contraste, Estados Unidos muestra una resiliencia comparativa, con un crecimiento proyectado del 2,0% en 2026, gracias a la fuerte demanda interna y a la inversión en tecnología. Europa, por su parte, enfrenta un panorama más complicado, con una proyección de crecimiento que disminuye del 1,5% al 1,1% en la Unión Europea y del 1,4% al 0,7% en el Reino Unido.
Para los inversores argentinos, la reducción en las proyecciones de crecimiento global puede tener implicaciones significativas, especialmente en el contexto de la dependencia de Argentina de las exportaciones de materias primas y de la situación económica de sus principales socios comerciales, como Brasil y Estados Unidos. La presión inflacionaria y la incertidumbre económica podrían afectar el flujo de capitales y la inversión en el país. Además, la evolución de la crisis en el Oriente Medio y su impacto en los precios de la energía son factores que deben ser monitoreados de cerca, ya que podrían influir en la economía argentina a corto y mediano plazo.
A futuro, es crucial observar cómo se desarrollan las condiciones en el Oriente Medio y su efecto en los mercados globales. También será importante seguir la evolución de la inflación en las principales economías y cómo esto podría repercutir en las políticas monetarias de los bancos centrales. Los informes económicos de medio año que se publicarán en los próximos meses ofrecerán más claridad sobre las tendencias globales y su posible impacto en la economía argentina.
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