La reciente visita de Vladimir Putin a China marca un hito en la relación entre ambos países, que se ha vuelto cada vez más asimétrica. La guerra en Ucrania y las sanciones occidentales han llevado a Rusia a depender de China para su comercio, tecnología y finanzas. En 2024, Rusia exportó aproximadamente 129 mil millones de dólares en bienes a China, principalmente en forma de petróleo, gas y carbón, a precios significativamente reducidos. Este cambio ha permitido a Rusia mantener ingresos esenciales para su economía de guerra, a pesar de la caída en los precios del petróleo en 2025.

Desde el inicio del conflicto, China se ha convertido en el principal comprador de combustibles fósiles rusos, adquiriendo más de 319 mil millones de euros en estos productos. Esto ha proporcionado a Moscú el capital necesario para financiar su sector militar, que ha sido severamente afectado por las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea. A su vez, las exportaciones chinas a Rusia han aumentado, alcanzando casi 116 mil millones de dólares, lo que incluye maquinaria y tecnología que reemplazan a los proveedores occidentales que se han retirado del mercado ruso.

La dependencia de Rusia de la tecnología china ha crecido exponencialmente, con informes que indican que alrededor del 90% de las importaciones rusas de tecnología sancionada provienen de China. Esto incluye productos de uso dual, que son esenciales para la producción de armamento. La falta de acceso a tecnología avanzada del Occidente ha llevado a Rusia a recurrir a redes complejas de evasión, lo que incrementa los costos de adquisición de estos bienes. Este escenario plantea un riesgo significativo para la autonomía tecnológica de Rusia, que se ve cada vez más influenciada por las decisiones de Pekín.

La creciente relación comercial entre Rusia y China también ha llevado a una desdolarización de sus transacciones. Más del 99% del comercio bilateral se liquida en rublos y yuans, lo que reduce la dependencia del dólar estadounidense. Sin embargo, esta tendencia también ha creado nuevas vulnerabilidades para Rusia, que enfrenta escasez ocasional de yuans y costos de préstamos más altos. La influencia de China en las negociaciones se ha incrementado, lo que podría limitar la capacidad de Rusia para negociar términos favorables en el futuro.

A medida que Putin y Xi Jinping se reúnen para discutir la cooperación energética, es crucial observar cómo se desarrollan estos acuerdos. La finalización de proyectos de gasoductos, como el Power of Siberia 2, podría aumentar la seguridad energética de China, pero también incrementaría la dependencia de Rusia de su vecino. La dinámica entre estas dos naciones es compleja y está en constante evolución, especialmente en un contexto donde las relaciones entre Estados Unidos y China están cambiando. La próxima cumbre entre ambos líderes podría definir el rumbo de esta relación en los próximos años, lo que tendrá implicaciones significativas para el comercio y la geopolítica en la región, incluyendo a países como Brasil que están observando de cerca estos desarrollos.