El lanzamiento de herramientas de inteligencia artificial (IA) como ChatGPT en 2022 ha generado un creciente temor en el mercado laboral, especialmente en Estados Unidos. Según encuestas recientes, siete de cada diez estadounidenses creen que la IA dificultará la búsqueda de empleo, y casi un tercio teme perder su trabajo debido a esta tecnología. A pesar de que el empleo en países desarrollados se encuentra cerca de máximos históricos, la percepción de una crisis inminente persiste, impulsada por la rápida evolución de la IA y su capacidad para realizar tareas complejas que antes requerían habilidades humanas.

Históricamente, los mercados laborales han experimentado transformaciones significativas, como lo evidenció la Revolución Industrial. En ese entonces, el progreso tecnológico no resultó en una disminución general de la demanda de mano de obra, aunque sí alteró la naturaleza de los empleos disponibles. Sin embargo, a diferencia de épocas anteriores, los modelos de IA actuales están avanzando a un ritmo sin precedentes, lo que genera incertidumbre sobre el futuro del trabajo. La startup Anthropic, por ejemplo, proyecta ingresos anuales de 50 mil millones de dólares para finales de junio, lo que subraya el potencial económico de esta tecnología.

A pesar de la falta de evidencia concreta que demuestre que la IA ha comenzado a eliminar empleos de manera significativa, los expertos advierten que sería imprudente ignorar los temores sobre su impacto en el futuro. A medida que las empresas aumentan sus inversiones en tecnología, se prevé que la demanda de energía y recursos también aumente, lo que podría llevar a una concentración de riqueza en manos de los propietarios del capital. Esto podría resultar en un escenario donde los trabajadores humanos se vuelvan económicamente inviables, similar a la situación de los caballos en la era del automóvil.

Las implicancias para los inversores son claras: la transformación del mercado laboral podría afectar no solo la calidad de los empleos, sino también los salarios. Si bien se espera que la economía encuentre formas de integrar la mano de obra humana, no hay garantía de que los nuevos empleos generados sean de alta calidad o bien remunerados. Esto podría impactar negativamente en el consumo y, por ende, en el crecimiento económico a largo plazo.

Mirando hacia el futuro, es crucial que los gobiernos comiencen a implementar políticas que mitiguen los efectos de la automatización. Propuestas como impuestos más altos sobre el capital y la creación de redes de seguridad social podrían ser necesarias para abordar las desigualdades que surjan. Sin embargo, la adopción de estas medidas podría enfrentar resistencia política, especialmente en un entorno populista. La historia muestra que las reacciones a cambios económicos abruptos pueden ser intensas, como lo evidenció el ascenso de Donald Trump tras el 'choque de China'. Por lo tanto, la vigilancia sobre el desarrollo de la IA y sus efectos en el empleo será fundamental en los próximos años.