En un giro inesperado para la industria molinera argentina, se ha anunciado que el país comenzará a importar trigo desde Paraguay. Este movimiento se produce en medio de una controversia sobre la escasez de oferta de trigo local, a pesar de haber tenido una cosecha récord de 29,5 millones de toneladas, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario. La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) ha señalado que, debido a la falta de calidad panadera y problemas de abastecimiento, la importación se vuelve una opción viable y necesaria para satisfacer la demanda del mercado interno.

Diego Cifarelli, presidente de la FAIM, ha enfatizado que la cadena de valor del trigo es crucial para la economía argentina, generando empleo para aproximadamente 400.000 personas y representando entre el 12% y el 13% de las cadenas agroindustriales. Sin embargo, a pesar de la abundancia de la cosecha, la industria enfrenta una "paradoja de la abundancia", donde la oferta no se alinea con la demanda. En 2016, se realizó una importación de prueba desde Uruguay debido a problemas similares, marcando un hito en 43 años de historia agrícola del país.

El costo de importar trigo desde Paraguay se estima en menos de 300 dólares nacionalizados, lo que lo hace más atractivo en comparación con el precio local, que se sitúa en $297.345 por tonelada (aproximadamente US$215). Esta diferencia de precios ha llevado a algunas empresas a solicitar autorización al Senasa para importar, ya que los costos locales están por encima de los precios internacionales. La aprobación del AFIDI (Autorización Fitosanitaria de Importación) por parte del Senasa ha sido un paso crucial para que los molinos puedan comenzar a negociar y concretar estas importaciones.

El crecimiento del 1% en la molienda de trigo durante el primer trimestre de 2026, en comparación con el mismo período del año anterior, se debe en gran parte a un aumento en las exportaciones a Bolivia, que se habían visto afectadas por la inestabilidad política en el país vecino. Sin embargo, el mercado interno ha experimentado una caída del 1,5%, lo que indica que la situación no es sostenible a largo plazo sin una mejora en la oferta local. Cifarelli ha indicado que la molinería aún tiene capacidad para originar más de 3 millones de toneladas de trigo en lo que resta de la campaña, pero la falta de ofertas adecuadas está limitando esta posibilidad.

La informalidad en la cadena de trigo también ha sido un tema de preocupación, con un estudio que estima que la evasión fiscal en este sector alcanza los 550.000 millones de pesos anuales, equivalentes a unos 400 millones de dólares. Esta situación no solo afecta a los molinos, sino a toda la cadena productiva, desde los productores hasta los panaderos. La FAIM está trabajando en conjunto con diversas entidades para abordar este problema y fomentar una mayor formalización en el sector. A medida que se avanza en la importación de trigo, será fundamental monitorear cómo se desarrollan estas dinámicas en el mercado interno y qué medidas se implementan para mejorar la competitividad de la industria molinera argentina.

En el futuro, los actores del sector deberán estar atentos a la evolución de los precios internacionales del trigo y cómo estos afectan las decisiones de importación. La próxima cosecha de trigo y cebada, que se espera que genere exportaciones por US$4603 millones, será un indicador clave de la salud de la industria. Además, la capacidad instalada de la industria molinera, que actualmente procesa entre 6,5 y 7 millones de toneladas, deberá ser aprovechada al máximo para evitar que la situación de escasez se repita en el futuro.