La reciente reglamentación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) ha generado un cambio significativo en el panorama de inversiones en el sector agropecuario argentino. Este programa, que tiene una vigencia de dos años, permite a los productores amortizar el 100% de la inversión en riego en un solo año, sin requerir un monto mínimo. Este cambio es crucial, ya que anteriormente las inversiones en infraestructura debían ser amortizadas en plazos mucho más largos, lo que distorsionaba los resultados económicos anuales y aumentaba la carga fiscal sobre los productores.

Además, el contexto financiero actual es más favorable, con tasas de interés accesibles tanto en bancos oficiales como privados. La reducción de la alícuota de IVA en energía eléctrica del 27% al 10,5% complementa este panorama, haciendo que la inversión en riego sea más atractiva. En este sentido, el riego se transforma de una tecnología aspiracional a una herramienta estratégica que puede ser utilizada por todos los productores, independientemente de su escala.

La variabilidad climática ha sido un tema recurrente en los últimos años, con precipitaciones que a menudo se desvían de la media. Esto ha llevado a una mayor necesidad de sistemas de riego que ofrezcan previsibilidad y estabilidad en los rendimientos. En este contexto, el riego por goteo subterráneo se está consolidando como una opción altamente eficiente, representando cerca del 20% de los nuevos proyectos de riego en cultivos extensivos, como maíz, soja y trigo, según datos de la Secretaría de Agricultura.

Los beneficios del riego por goteo son múltiples. Permite regar el 100% del lote, independientemente de su forma o pendiente, y se adapta a la heterogeneidad productiva con un manejo preciso del agua. Este sistema trabaja directamente en la zona radicular, logrando un riego de bajo caudal y alta frecuencia, lo que minimiza las pérdidas por evaporación y mejora la eficiencia en el uso del recurso hídrico. Además, su durabilidad, con vidas útiles que superan los 20 años, refuerza su carácter estratégico, permitiendo a los productores implementar el riego por etapas según su flujo financiero.

Con el RIMI como facilitador, los productores tienen una oportunidad única para acelerar sus decisiones de inversión. Esto no solo impacta en la productividad, sino que también permite diversificar la producción y agregar valor a los cultivos. En un contexto donde la competitividad del agro argentino se ve afectada por factores como los derechos de exportación, mejorar la eficiencia interna es fundamental. La integración de la fertirrigación, que combina la aplicación de nutrientes con el agua, también se presenta como una estrategia para optimizar la fertilización y mejorar la calidad del grano, un aspecto cada vez más valorado en el mercado.

A futuro, será importante observar cómo se desarrollan las inversiones en riego y su impacto en la productividad agrícola. Con el RIMI en vigencia, los próximos dos años serán cruciales para que los productores aprovechen estas oportunidades. La tendencia hacia el riego eficiente y la adopción de nuevas tecnologías podría cambiar el panorama del agro argentino, haciéndolo más resiliente ante los desafíos climáticos y económicos que se presentan.