En los primeros cuatro meses de 2026, el Banco Central de Argentina adquirió 7200 millones de dólares en el mercado cambiario, pero las reservas netas solo aumentaron en 1900 millones. Esta discrepancia ha mantenido la prima de riesgo país por encima de los 500 puntos, lo que refleja una situación de vulnerabilidad económica. A pesar de un entorno de tasas de interés más flexibles, el crédito al sector privado continuó contrayéndose en marzo y abril, lo que es crucial para la recuperación de la actividad económica y el empleo.

Desde hace dos meses, el Banco Central ha establecido un “corredor de tasas” que fija un piso y un techo de entre 20% y 25% anual para las operaciones de cortísimo plazo. Sin embargo, este marco no ha logrado estimular el crédito, lo que podría llevar a un estancamiento en la actividad económica. La recaudación impositiva sigue siendo un punto débil, lo que podría forzar al gobierno a adoptar políticas fiscales pro-cíclicas, con recortes en gastos discrecionales y un aumento en la deuda flotante del Tesoro.

La confianza en el gobierno ha caído abruptamente, con una reciente medición de la Universidad Di Tella que muestra una disminución de 12,1 puntos hasta un 40,4% de aprobación. Esta pérdida de confianza es un llamado de atención para que el Ejecutivo acelere acciones que armonicen el trilema de reservas, inflación y actividad económica. En este contexto, el segundo trimestre de 2026 se presenta como un momento crítico, ya que se espera que la recaudación impositiva de abril no marque un punto de inflexión positivo.

En el mercado de futuros, las expectativas de devaluación se han estabilizado, con un margen del 21,5% entre el tipo de cambio observado y el techo de la banda. La inflación, que fue del 3,4% en marzo, se espera que baje a 2,5% en abril, aunque el riesgo de que se mantenga por encima del 2,0% sigue latente debido a mecanismos indexatorios. La continuidad de las compras de dólares por parte del Banco Central es esencial para evitar una mayor volatilidad en el tipo de cambio y las tasas de interés.

A largo plazo, un canje de deuda similar al realizado por Ecuador podría ofrecer una solución viable para mejorar la consistencia macroeconómica de Argentina. Aunque el gobierno argentino ha desechado esta opción por las altas tasas de interés de los nuevos bonos, un canje exitoso podría ampliar el horizonte financiero y despejar interrogantes sobre los vencimientos de deuda en 2027. La mejora en los términos de intercambio por el “efecto Ormuz” no es permanente, y la economía argentina debe prepararse para un entorno financiero más desafiante en los próximos meses.

La situación actual requiere una atención cuidadosa a las dinámicas del mercado cambiario y la política monetaria, especialmente ante la posibilidad de que el riesgo país se mantenga elevado. A medida que se acercan las elecciones legislativas en Estados Unidos, la incertidumbre sobre la disponibilidad de financiamiento externo podría afectar aún más la economía argentina. Por lo tanto, es crucial que el gobierno implemente reformas estructurales y mantenga un enfoque proactivo en la gestión de la deuda y las reservas.