- La adhesión a UPOV-91 podría transformar el sistema de semillas en Argentina.
- Los productores temen que la adhesión implique mayores costos y burocracia.
- Argentina presenta un atraso genético en comparación con Brasil, que tiene más de diez compañías de mejoramiento genético.
- La próxima cosecha de trigo y cebada podría generar exportaciones por 4.603 millones de dólares.
- La construcción de confianza entre los actores es esencial para avanzar en el debate.
- El marco normativo que se establezca tendrá un impacto directo en la inversión en genética y biotecnología.
La discusión sobre la adhesión de Argentina al convenio internacional UPOV-91 ha resurgido con fuerza, evidenciando las tensiones entre productores, obtentores y el Estado. Este debate es crucial, ya que se centra en la necesidad de modernizar el sistema de semillas para mejorar la competitividad del país. En este contexto, el Gobierno ha reafirmado su compromiso de enviar al Congreso la adhesión a UPOV-91, un paso que podría transformar el panorama del agro argentino.
Los productores han expresado su preocupación por la posibilidad de que la adhesión a UPOV-91 implique un aumento en la burocracia y los costos administrativos. Pablo Ginestet, representante de Confederaciones Rurales Argentinas, ha señalado que es fundamental encontrar un equilibrio entre los intereses de los productores y las demandas de la industria semillera. Este equilibrio es esencial para evitar que el sistema se vuelva oneroso y, por ende, poco atractivo para los agricultores, quienes ya enfrentan desafíos significativos en un mercado global competitivo.
El presidente del Instituto Nacional de Semillas (INASE), Martín Famulari, ha argumentado que la falta de consenso histórico ha llevado a que los intereses de pequeños sectores prevalezcan sobre el interés general. En su opinión, el debate no debería limitarse a UPOV-78 y UPOV-91, sino que se debe buscar un enfoque que permita a Argentina acceder a la mejor tecnología del mundo. En este sentido, el uso propio de semillas es un punto central de la discusión, ya que UPOV-91 permite a cada Estado definir el alcance de este derecho, lo que podría abrir la puerta a nuevas oportunidades de inversión.
Desde el sector semillero, se ha enfatizado que los cambios parciales no son suficientes para que Argentina compita con gigantes como Brasil y Estados Unidos. Lucas Amadeo, gerente de relaciones institucionales de GDM, ha destacado que Argentina presenta un “atraso genético” en comparación con Brasil, que cuenta con más de diez grandes compañías dedicadas al mejoramiento genético. Esto plantea un desafío significativo para atraer inversiones y nuevas tecnologías al país. La adhesión a UPOV-91 podría ser un paso crucial para cerrar esta brecha y mejorar la competitividad del agro argentino.
A medida que se avanza en este debate, es importante que los actores involucrados trabajen en la construcción de confianza y en la creación de un marco normativo que favorezca la inversión en genética y biotecnología. La próxima cosecha de trigo y cebada, que se espera genere exportaciones por 4.603 millones de dólares, podría ser un indicador de la capacidad de Argentina para adaptarse a las nuevas normativas y competir en el mercado internacional. Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán clave para definir el futuro del agro argentino y su posición en el contexto regional, especialmente frente a Brasil, que opera bajo un esquema más flexible y adaptado a sus necesidades.
En conclusión, el debate sobre la adhesión a UPOV-91 no solo es un tema técnico, sino que tiene implicaciones profundas para la competitividad del agro argentino. Los próximos meses serán decisivos, y la forma en que se resuelva este conflicto podría determinar la capacidad de Argentina para atraer inversiones y mejorar su posición en el mercado internacional. Es fundamental que todos los actores involucrados busquen un consenso que permita avanzar hacia un sistema que beneficie a todos, sin caer en extremos que puedan perjudicar a la producción nacional.
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