En la última década, las expectativas sobre China como potencia en la producción de shale gas han sido altas. Se estimaba que el país podría replicar la revolución del shale estadounidense, dado que posee grandes reservas de gas no convencional. Sin embargo, hasta 2025, su producción solo alcanzó el 6% del total mundial, en comparación con el 25% de Estados Unidos. Este estancamiento se debe a varios factores, pero uno de los más críticos es la escasez de agua en las regiones donde se encuentran estas reservas.

La fracturación hidráulica, técnica clave para extraer gas de esquisto, requiere grandes volúmenes de agua. En muchas áreas de China, esta no está disponible en la cantidad necesaria para un desarrollo rápido. Este problema no es exclusivo de China; otros países con potencial de shale, como Argentina y México, también enfrentan desafíos similares relacionados con la disponibilidad de agua. En Argentina, aunque se han realizado avances en el desarrollo de Vaca Muerta, la logística del agua sigue siendo un obstáculo significativo.

Además, la situación se complica aún más en regiones donde el acceso al agua es limitado. En el caso de la cuenca del Pérmico en Estados Unidos, los costos de manejo y disposición del agua están aumentando, lo que impacta directamente en la economía de los proyectos de shale. Esto sugiere que, a medida que la demanda de energía crece y las condiciones climáticas se vuelven más variables, la disponibilidad de agua se convertirá en un factor determinante en la producción energética global.

La generación de energía térmica, que utiliza gas, carbón o energía nuclear, también depende en gran medida del agua para el enfriamiento. En Europa, por ejemplo, las olas de calor han obligado a las plantas nucleares a reducir su producción debido a que las temperaturas de los ríos han aumentado demasiado. Esto indica que la disponibilidad de agua no solo afecta a la producción de gas, sino que también está comenzando a influir en la planificación a largo plazo de las utilidades en regiones con estrés hídrico.

Para los inversores, el mensaje es claro: la disponibilidad de agua se está convirtiendo en un filtro adicional en la evaluación de proyectos energéticos. Las regiones con acceso confiable al agua, o la capacidad de utilizar agua reciclada o no potable, tendrán una ventaja competitiva. Las empresas que inviertan en eficiencia hídrica y tecnologías de enfriamiento alternativas estarán mejor posicionadas en el futuro. En contraste, los proyectos en áreas con limitaciones de agua enfrentarán costos más altos, plazos más largos y un mayor riesgo regulatorio, lo que podría afectar su viabilidad económica a largo plazo.