Una obra de Jackson Pollock, titulada Number 7A, 1948, se convirtió en la pintura más cara vendida en un leilão, alcanzando un precio de US$ 181,2 millones (casi R$ 1 mil millones) en un evento realizado por Christie's en el Rockefeller Center de Nueva York el 18 de octubre. Este hito no solo destaca la obra de Pollock, sino que también refleja un resurgimiento en el interés por el arte moderno entre los coleccionistas más adinerados del mundo, quienes están volviendo a invertir en artistas considerados 'blue chip', como Pollock, Rothko y Brâncuși, en un contexto de inestabilidad económica global.

El mercado del arte ha experimentado en años recientes un auge en la valorización de artistas contemporáneos, como Basquiat y Banksy, impulsado por la llegada de nuevos inversores y la popularidad de los NFTs durante la pandemia. Sin embargo, el reciente éxito de Pollock y otros artistas modernistas sugiere un cambio de tendencia, donde los coleccionistas buscan obras con un historial de estabilidad y menor riesgo de desvalorización. En la misma noche de la subasta, otras obras de artistas como Brâncuși y Rothko también alcanzaron precios récord, lo que refuerza esta tendencia hacia el arte clásico.

La venta de Number 7A no solo establece un nuevo récord para Pollock, sino que también lo posiciona entre las cuatro obras más caras jamás vendidas en subasta, según ARTnews. Este fenómeno se produce en un contexto de inflación persistente y tensiones geopolíticas, donde los grandes patrimonios están buscando refugio en activos tangibles como el arte, que se perciben como una protección contra la volatilidad del mercado financiero. La oferta limitada de obras de estos artistas, que se encuentran principalmente en museos y colecciones privadas, también contribuye a la escalada de precios.

La procedencia de las obras juega un papel crucial en su valorización. Number 7A pertenecía a la colección de S. I. Newhouse Jr., un influyente magnate de los medios en Estados Unidos. En el mercado del arte, la historia de una obra puede añadir un valor significativo, convirtiéndola en un activo aún más deseable. Esta dinámica es especialmente relevante en un momento donde otros sectores del lujo, como la moda y la joyería, están enfrentando una desaceleración en sus ventas, como lo ha señalado LVMH, que reportó una caída del 1% en su facturación debido a la disminución del gasto en ciertas regiones.

Para los inversores argentinos, el aumento de precios en el arte moderno puede ser un indicativo de cómo los activos tangibles están siendo valorados en un contexto de incertidumbre económica. La tendencia hacia la inversión en arte como un refugio seguro podría influir en la forma en que los argentinos consideran diversificar sus portafolios, especialmente en un entorno donde la inflación y la devaluación del peso son preocupaciones constantes. En este sentido, el arte no solo se está viendo como un objeto cultural, sino como una inversión estratégica a largo plazo.

A futuro, será interesante observar cómo evoluciona este mercado. Con la próxima temporada de subastas en Nueva York y Londres, se espera que más obras de artistas modernistas salgan a la venta, lo que podría ofrecer más pistas sobre la dirección del mercado del arte. Además, la relación entre el arte y otros activos de lujo podría seguir siendo un tema de análisis, especialmente en un contexto donde la economía global continúa enfrentando desafíos significativos.