La deuda global ha alcanzado un nuevo récord histórico en marzo de 2026, superando los 353 billones de dólares, lo que representa un incremento de más de 4,4 billones respecto al trimestre anterior. Este aumento ha sido impulsado principalmente por el endeudamiento público en economías como Estados Unidos y China, donde se ha observado una aceleración notable en la acumulación de deuda, especialmente en el sector corporativo no financiero de China. A pesar de este crecimiento, la relación deuda/PIB se ha mantenido relativamente estable en un 305% desde principios de 2023, lo que sugiere que, aunque la deuda está en niveles récord, su proporción respecto a la producción económica no ha cambiado drásticamente en el corto plazo.

En términos de regiones, la deuda en los mercados maduros ha mostrado una ligera disminución, mientras que en los mercados emergentes, excluyendo a China, ha aumentado hasta alcanzar un récord de 36,8 billones de dólares. Este crecimiento ha sido mayormente impulsado por el endeudamiento de los gobiernos, lo que refleja una tendencia de mayor dependencia de la deuda en economías que enfrentan limitaciones fiscales. Los analistas del Institute of International Finance (IIF) advierten que este aumento en la deuda podría estar vinculado a presiones estructurales, como el envejecimiento de la población y el aumento del gasto en defensa, que podrían elevar los niveles de deuda pública y corporativa a medio y largo plazo.

El contexto actual también está marcado por tensiones geopolíticas, especialmente el reciente conflicto en Medio Oriente, que ha intensificado las presiones inflacionarias. Estas presiones, derivadas del aumento de los precios de la energía y los alimentos, están obligando a muchos países a implementar medidas fiscales para mitigar el impacto económico, lo que a su vez podría resultar en mayores déficits y un aumento adicional en los niveles de deuda. En este sentido, el IIF señala que, aunque la inflación podría ofrecer un alivio temporal en los ratios de deuda, este efecto no será sostenible si la inflación se arraiga en la economía.

Desde la perspectiva de los inversores, el apetito por el riesgo se mantiene firme a pesar de la incertidumbre geopolítica. Los diferenciales de deuda emergente han vuelto a niveles previos al conflicto en Medio Oriente, lo que indica un sólido interés por activos en estos mercados. Sin embargo, los inversores deben estar atentos a cómo la situación geopolítica podría afectar la dinámica de los mercados de deuda y crédito en el futuro. La resiliencia de los inversores en episodios de estrés anteriores sugiere que el impacto podría ser limitado, pero la evolución de las tensiones geopolíticas y su efecto en la economía global son factores a considerar.

De cara al futuro, es crucial monitorear la respuesta de las autoridades fiscales y monetarias ante estas presiones inflacionarias y el aumento de la deuda. La trayectoria de la acumulación de deuda dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos en la región y de las decisiones que tomen los gobiernos para gestionar sus finanzas. Con la posibilidad de que las tensiones en Medio Oriente persistan, los inversores deben estar preparados para posibles cambios en la política monetaria y fiscal que podrían influir en los mercados de deuda y en la economía global en general.