La economía española ha mostrado un crecimiento notable del 2,7% en el primer trimestre del año, destacándose frente a otras grandes economías europeas que han experimentado un avance mucho más modesto. Por ejemplo, el crecimiento del PIB en la eurozona se ha limitado a un 0,8% en términos interanuales. Sin embargo, este crecimiento robusto no refleja aún los efectos del reciente conflicto en Oriente Próximo, que podría tener repercusiones significativas en la economía en los meses venideros, especialmente a través del estrecho de Ormuz, crucial para el tránsito de petróleo y gas.

A pesar de la expansión económica, se vislumbra un riesgo considerable para el futuro: la disminución de los ingresos de los hogares. Con un IPC que supera el 3% y salarios que no logran mantenerse al ritmo de la inflación, se prevé una merma en la capacidad de compra de las familias. Este fenómeno no es exclusivo de España, ya que otros países europeos también enfrentan una situación similar, lo que podría afectar el consumo y, por ende, el crecimiento económico en general.

Los sectores que han impulsado el crecimiento español son principalmente los servicios relacionados con el turismo, el comercio y la construcción, que en conjunto representan dos tercios del crecimiento del PIB. Las exportaciones de servicios no turísticos han aumentado un 5,6%, mientras que el turismo ha crecido un 3,6%. Estos sectores parecen estar menos expuestos a los problemas de suministro que afectan a la industria manufacturera, que representa solo el 10,6% del PIB español, en comparación con el 17,6% en Alemania. Esto sugiere que la economía española podría estar mejor posicionada para enfrentar las crisis actuales que otras economías europeas.

Sin embargo, el impacto indirecto del conflicto en Oriente Próximo podría afectar la renta disponible de los hogares, un pilar fundamental para el consumo y la actividad económica. La reducción en la capacidad de compra podría llevar a una desaceleración en el consumo, que es esencial para mantener el crecimiento en sectores como la construcción y los servicios. A medida que los precios de los hidrocarburos continúan aumentando, los consumidores ya están sintiendo el golpe: a finales de abril, el precio de la gasolina había aumentado un 4% en comparación con el mes anterior, y el gasóleo estaba un 20% por encima de los valores de febrero, a pesar de los recortes de impuestos implementados por el gobierno.

Mirando hacia el futuro, la duración de la crisis en el estrecho de Ormuz será crucial. Si la situación se resuelve rápidamente, podría permitir que la economía española recupere su impulso. Sin embargo, si la crisis se prolonga, es probable que se vean afectadas las bases del crecimiento, lo que podría resultar en una corrección en mercados sobrevalorados, como el inmobiliario. Los inversores deben estar atentos a la evolución de la renta de los hogares y a las políticas fiscales que se implementen en respuesta a la crisis, ya que estas serán determinantes para el futuro económico del país.