La reciente implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en Argentina ha generado una ola de preocupación en el sector minero chileno. Este régimen, aprobado en julio de 2024, ha atraído inversiones significativas, alcanzando un total de casi 34 mil millones de dólares en proyectos mineros en solo 18 meses. Manuel Viera Flores, presidente de la Cámara Minera de Chile, ha señalado que este avance en Argentina contrasta drásticamente con la situación en Chile, donde el sector ha visto una falta de progreso en la última década. En su análisis, Viera Flores destaca que el RIGI ha permitido a Argentina ofrecer un marco fiscal competitivo a nivel global, lo que ha facilitado la llegada de grandes inversores internacionales como BHP, Lundin y First Quantum.

El impacto del RIGI es notable, ya que el 73% de las inversiones captadas corresponde a proyectos de minería de cobre. En comparación, Chile, que históricamente ha sido un líder en producción de cobre, no ha logrado atraer un volumen similar de inversiones en los últimos diez años. Viera Flores menciona que el RIGI ofrece invariabilidad tributaria por hasta 40 años para proyectos estratégicos, lo que proporciona a los inversores la certeza que necesitan para comprometer capital a largo plazo. Este marco ha eliminado barreras históricas que antes dificultaban la inversión en Argentina, como el cepo cambiario.

La velocidad de aprobación de proyectos bajo el RIGI también se destaca como una ventaja competitiva. Mientras que en Chile un proyecto podía esperar meses para recibir la aprobación ambiental, en Argentina el RIGI permite un plazo de 45 días para la evaluación. Esta agilidad en la toma de decisiones es crucial en un sector donde el tiempo es un factor determinante para el éxito de las inversiones. Viera Flores advierte que Chile debe reaccionar rápidamente y adoptar una estrategia que le permita recuperar su liderazgo en la minería, que ha sido amenazado por la nueva política argentina.

Para los inversores, la situación actual presenta tanto desafíos como oportunidades. Si bien Argentina está en camino de convertirse en un jugador clave en la minería de cobre y litio, la producción efectiva de cobre no comenzará hasta 2030 con el proyecto Josemaría. Esto significa que, aunque las inversiones están fluyendo, la producción real aún está a varios años de distancia. Por otro lado, la capacidad de Argentina para atraer inversiones podría incentivar a Chile a reformar su propio marco regulatorio y fiscal para no perder terreno en el sector.

A futuro, será crucial observar cómo responde Chile a esta presión competitiva. La implementación de un régimen similar al RIGI podría ser una respuesta viable para revitalizar el sector minero chileno. Además, el interés creciente en el litio, donde Argentina posee un 30% del Triángulo del Litio sudamericano, podría cambiar el panorama de la minería en la región. Los próximos años serán decisivos para determinar si Chile puede recuperar su velocidad en la atracción de inversiones y mantener su posición como líder en la minería sudamericana.