El precio del trigo ha experimentado un aumento significativo del 30% en las últimas semanas, alcanzando niveles no vistos desde junio de 2024. Este incremento se produce en medio de la crisis en Medio Oriente, que ha generado una serie de tensiones en el comercio global. Las restricciones en el Estrecho de Ormuz han reducido drásticamente el tránsito de buques, con solo 356 embarcaciones logrando ingresar o salir en los últimos dos meses, lo que representa cerca de la mitad del tráfico habitual. La situación se agrava con el precio del petróleo Brent superando los 107 dólares por barril, lo que repercute en los costos de producción agrícola a nivel mundial.

El mercado de trigo es particularmente sensible a estas condiciones, ya que depende en gran medida de fertilizantes nitrogenados, cuyos precios han aumentado en paralelo a los costos energéticos. En Australia, donde la siembra ya ha comenzado, se anticipan recortes en la superficie sembrada de entre el 4% y el 12%. En Argentina, también se prevé una reducción en el área sembrada a medida que se acerca el inicio de la campaña agrícola. Este cambio en las decisiones productivas refleja la preocupación por la disponibilidad futura del trigo.

En Estados Unidos, la situación es igualmente preocupante, ya que la sequía ha afectado gravemente el trigo de invierno. Actualmente, solo el 19% de las tierras cultivadas no presenta estrés hídrico, mientras que el 35% de los cultivos se encuentran en condiciones malas o muy malas. Esto se traduce en una de las menores superficies sembradas en la historia reciente, lo que ha llevado a una revisión drástica de las expectativas del mercado. De un panorama de abundancia, se ha pasado a uno donde se prevén recortes en la oferta, lo que ha impulsado el precio del trigo en Chicago de 190 a 246 dólares por tonelada en menos de tres meses.

En Argentina, aunque los futuros del trigo han subido entre un 12% y un 17% desde enero, la estructura del mercado ha cambiado notablemente. Se ha pasado de un esquema “invertido” a uno de “carry” hasta enero de 2027, lo que indica una expectativa de abastecimiento más ajustado en el futuro. La industria molinera enfrenta un desafío adicional, ya que a pesar de una cosecha récord de 27,9 millones de toneladas, la molienda apenas ha crecido un 1% interanual, alcanzando 1,96 millones de toneladas. Esto se debe a problemas de calidad y escasez de trigo apto para panificación, lo que complica aún más la situación del sector.

Las proyecciones para el ciclo 2025/26 estiman una molienda de 7,2 millones de toneladas, pero la industria advierte que, si las condiciones actuales persisten, no se alcanzará este objetivo. Esto podría resultar en menos trabajo argentino y menor valor agregado en el país, lo que impactaría negativamente en la economía local. A medida que el contexto internacional sigue siendo incierto, los operadores deben estar atentos a los desarrollos en Medio Oriente y sus repercusiones en los mercados agrícolas, así como a las decisiones de siembra y producción en los principales países productores de trigo.