- El Santander elevó sus provisiones por insolvencia en un 5%, alcanzando 3.200 millones de euros.
- La rentabilidad sobre el capital (ROTE) de los bancos europeos se espera que suba del 10% en 2021 al 14% en 2026.
- Desde el 27 de febrero, las acciones de los principales bancos europeos han caído solo un 5% de media.
- La ministra de Economía del Reino Unido podría aumentar los impuestos bancarios debido a la crisis de Irán.
- Las entidades más rentables, como NatWest y HSBC, podrían ver su ROTE elevarse hasta el 19% entre 2026 y 2028.
Los principales bancos europeos, como Santander y Deutsche Bank, han mostrado una sorprendente tranquilidad ante la escalada del conflicto en Irán. A pesar de la guerra, estas entidades han elevado sus provisiones de insolvencia de manera moderada, lo que sugiere que, en general, no anticipan un deterioro inmediato en la calidad de sus carteras. Por ejemplo, el Santander incrementó sus provisiones por insolvencia en un 5%, alcanzando los 3.200 millones de euros, cifra similar a la de 2025, un año sin conflictos bélicos significativos. Esta aparente calma se apoya en un sólido colchón de rentabilidad acumulado en los últimos meses, gracias a políticas monetarias restrictivas que han beneficiado sus márgenes de préstamo.
Sin embargo, esta estabilidad podría ser efímera si el conflicto se prolonga y el crecimiento económico se estanca. La situación actual recuerda a momentos anteriores de crisis, donde la confianza inicial de los bancos se vio rápidamente erosionada por el deterioro de las condiciones económicas. En este sentido, los analistas destacan que el aumento de los precios del petróleo podría tener un impacto negativo en la economía global, lo que a su vez afectaría a la rentabilidad de los bancos. En 2021, antes de la crisis de Ucrania, la rentabilidad sobre el capital (ROTE) de estos bancos era del 10%, mientras que para este año se espera que alcance el 14%, lo que indica una mejora significativa en su capacidad de absorción de pérdidas.
Los inversores parecen compartir esta visión optimista, ya que desde el 27 de febrero, las acciones de los principales bancos europeos han caído solo un 5% de media, lo que es una reacción moderada ante los riesgos actuales. Sin embargo, el aumento sostenido de los precios del crudo y la subida de tipos de interés podrían frenar la demanda de crédito y complicar la situación financiera de los hogares, lo que podría llevar a un aumento en las insolvencias. Además, la aceleración de la disrupción tecnológica en el sector bancario, impulsada por la inteligencia artificial, requerirá inversiones significativas que podrían presionar aún más los márgenes de rentabilidad.
En el Reino Unido, la situación es aún más delicada. La ministra de Economía, Rachel Reeves, podría verse obligada a aumentar los impuestos bancarios en respuesta a la crisis de Irán y su impacto en las finanzas públicas. Esto podría ser un golpe adicional para los bancos, que ya enfrentan una carga fiscal considerable. Aunque las entidades más rentables, como NatWest y HSBC, podrían soportar un aumento en los gravámenes, cualquier incremento en la presión fiscal podría trasladarse a los clientes, afectando la demanda de servicios bancarios. La incertidumbre política en el Reino Unido, con un posible cambio hacia un gobierno más izquierdista, añade un nivel adicional de riesgo para el sector.
A medida que se desarrolla la situación en Irán, es crucial que los inversores mantengan un enfoque en los indicadores económicos y las decisiones de política monetaria. Los próximos meses serán clave para observar cómo los bancos europeos manejan la presión de la guerra y los cambios en la política fiscal. Con elecciones locales en el Reino Unido en mayo y un entorno económico incierto, los mercados podrían experimentar una mayor volatilidad. La capacidad de los bancos para adaptarse a estos desafíos será fundamental para su estabilidad a largo plazo y su rendimiento en el mercado.
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