El cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas comerciales más cruciales del mundo, podría tener consecuencias devastadoras para la seguridad alimentaria global. Según un análisis de The Economist, si el bloqueo persiste, se estima que 45 millones de personas adicionales se verán en riesgo de hambre, sumándose a los 300 millones que ya enfrentan dificultades para alimentarse. Este escenario se agrava con el aumento del precio del petróleo, que ha superado los 100 dólares por barril, lo que podría llevar a una recesión global, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El impacto de esta crisis no se limita al sector energético. La subida de precios de las materias primas afecta directamente a los agricultores, quienes dependen de fertilizantes y diésel para sus actividades. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) ha señalado que el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que Argentina importa provienen de Oriente Medio, lo que resalta la dependencia del país de esta región en conflicto. A medida que los precios de los insumos agrícolas aumentan, algunos productores están optando por sembrar o fertilizar menos, lo que inevitablemente resultará en cosechas más escasas a finales de año.

La interconexión entre la crisis energética, la de fertilizantes y la alimentaria es clara. Julian Hinz, director del Grupo de Investigación sobre Política Comercial del Instituto de Kiel, advierte que las economías emergentes, como la argentina, son las más vulnerables debido a su menor diversificación y mayor dependencia de las importaciones. En este sentido, el conflicto actual podría tener un efecto dominó que afecte a la producción agrícola y, por ende, a la disponibilidad de alimentos en el mercado.

La situación es alarmante, ya que el Programa Mundial de Alimentos ha advertido que el fenómeno de El Niño podría agravar aún más la crisis, provocando sequías o lluvias excesivas en las regiones más vulnerables. Esto podría llevar a una disminución en la producción agrícola global, exacerbando la inseguridad alimentaria. En este contexto, los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan los acontecimientos en el estrecho de Ormuz y su impacto en los precios de los alimentos y las materias primas.

De cara al futuro, es crucial monitorear la evolución del conflicto y las decisiones políticas en la región. Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado durante seis meses, se estima que los precios de los alimentos podrían aumentar entre un 12% y un 18% por encima de los niveles previos a la guerra, según Helios AI. Este aumento no solo afectará a los consumidores, sino que también tendrá repercusiones en la economía argentina, que ya enfrenta desafíos significativos en su sector agrícola y alimentario.