Un reciente estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA ha revelado que el 32,9% de los niños, niñas y adolescentes que viven en hogares de ingresos más bajos en Argentina enfrentan dificultades para hacer amistades, en comparación con solo el 19,2% de aquellos que crecen en entornos de mayores recursos. Este dato pone de manifiesto una conexión entre la pobreza y la calidad de las relaciones sociales en la infancia, lo que a su vez puede tener implicaciones a largo plazo en el desarrollo emocional y social de estos niños.

La investigación también destaca que la calidad del empleo de los cuidadores, el nivel de ingresos y el entorno habitacional son factores determinantes en la capacidad de los niños para establecer vínculos. Por ejemplo, el 58,3% de los niños en hogares de ingresos bajos experimenta privaciones en el acceso a vestimenta adecuada, lo que afecta su autoestima y su capacidad para integrarse socialmente. En contraste, solo el 17,8% de los niños en hogares de mayores ingresos reporta estas dificultades, lo que resalta la desigualdad en el acceso a recursos básicos.

Además, el estudio evalúa otros indicadores de calidad de vida, como el hacinamiento y el acceso a servicios básicos. Para fines de 2025, el 20,9% de los niños vivía en condiciones de hacinamiento, un aumento respecto al 18,3% en 2024. Por otro lado, el déficit de calidad de las viviendas mostró una leve mejora, pasando del 20,9% al 18,1%. Sin embargo, el acceso a servicios de saneamiento ha empeorado, con un 42% de los hogares careciendo de cloacas, agua corriente o inodoro, una situación que afecta directamente la salud y el bienestar de los niños.

La participación en actividades culturales y deportivas también influye en la capacidad de los niños para hacer amigos. Mientras que el 85,3% de los niños de estratos de ingresos bajos no realiza ninguna actividad deportiva, este porcentaje se reduce al 34,1% en los de mayores recursos. Esta falta de oportunidades para interactuar y socializar puede perpetuar el ciclo de pobreza, ya que las amistades y las redes sociales son fundamentales para el desarrollo personal y profesional en el futuro.

Por último, la inseguridad alimentaria sigue siendo un problema significativo. En 2025, el 28,8% de los hogares experimentó inseguridad alimentaria, aunque se observó una mejora respecto al 35,5% en 2024. Sin embargo, la inseguridad alimentaria severa, que implica experimentar hambre, se mantuvo en un 13,2%, lo que es un indicador preocupante de la situación económica de muchas familias. La diferencia en la inseguridad alimentaria entre los estratos más bajos y los más altos es notable, con un 30% más de incidencia en los hogares de menores ingresos.

Este panorama de desigualdad social y económica tiene implicaciones directas para el futuro de la infancia en Argentina. La falta de amistades y la privación de recursos básicos no solo afectan el presente de estos niños, sino que también pueden limitar sus oportunidades en el futuro. Es crucial que se implementen políticas públicas que aborden estas desigualdades y promuevan un entorno más equitativo para todos los niños, independientemente de su origen socioeconómico.

A medida que se avanza hacia 2026, será importante monitorear cómo las políticas de asistencia social, como la Tarjeta Alimentar, impactan en la seguridad alimentaria y el bienestar de los niños en los sectores más vulnerables. La mejora en estos indicadores será clave para evaluar el progreso hacia una mayor igualdad en el acceso a oportunidades y recursos en Argentina.