La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) ha informado que la siembra de trigo para la campaña 2026/27 en la región núcleo de Argentina se reducirá en 300.000 hectáreas, alcanzando un total de 1,517 millones de hectáreas. Este ajuste representa una disminución del 17% en comparación con el año anterior. La principal causa de esta caída es el deterioro en la relación entre el precio del trigo y el costo de los insumos, especialmente la urea, lo que ha llevado a los productores a replantear sus decisiones de siembra. Las encuestas realizadas a agrónomos y productores reflejan un deseo de mantener la misma área de siembra que el año pasado, pero la realidad económica impide que esto sea posible.

El aumento en los costos de los fertilizantes es el factor determinante en esta situación. En el último año, la relación entre el costo de la urea y el precio del trigo ha pasado de 2,6 a 4,1, lo que significa que se requieren más toneladas de trigo para adquirir la misma cantidad de urea. En el mercado mayorista argentino, el precio de la urea ha aumentado casi cinco veces más que el del trigo. Mientras que el precio del trigo ha subido entre un 16% y un 20%, el costo de la urea ha experimentado un incremento de hasta el 77% en el mercado local y más del 50% a nivel internacional. Esta dinámica ha llevado a que la cantidad de trigo necesaria para adquirir fertilizante se eleve de 2,7 a más de 4 toneladas por cada tonelada de urea.

El impacto de estos costos es más pronunciado en los campos alquilados, donde el rendimiento de indiferencia se sitúa en torno a 46 quintales por hectárea. En algunas zonas, este umbral supera los 50 quintales, lo que representa un desafío considerable para los productores. Con un precio estimado de 217 dólares por tonelada y un rendimiento de 40 quintales, el margen neto en campo propio se aproxima a 65 dólares por hectárea, mientras que en campos alquilados se proyecta una pérdida de 128 dólares por hectárea. Comparando con el año anterior, la caída en los márgenes es significativa, alcanzando los 60 dólares por hectárea en campos propios y superando los 100 dólares en arrendamientos.

La situación se ha deteriorado rápidamente, con una caída del 43% en los márgenes de campo propio y del 54% en campos alquilados entre mediados de marzo y principios de abril. Esto refleja el impacto directo de la subida de costos en la rentabilidad de los productores. Además, se anticipan ajustes en la inversión y manejo del cultivo, con productores en localidades como Rojas indicando que reducirán la fertilización, lo que podría comprometer los rendimientos esperados.

A pesar de las buenas reservas de humedad en la región núcleo, resultado de un abril con lluvias superiores a lo normal, este factor no logra contrarrestar el efecto negativo de los altos costos sobre los márgenes. La BCR ha señalado que el sistema de trigo seguido de soja de segunda podría ser una alternativa viable para mantener la rentabilidad, con márgenes que podrían alcanzar hasta 466 dólares por hectárea en campos propios, aunque apenas se sostendría en campos alquilados. Este contexto plantea un desafío significativo para los productores y podría influir en las decisiones de siembra en el corto plazo, especialmente si los costos de insumos continúan en aumento.