La pobreza en Perú, que alcanzó un alarmante 30.1% en 2020 debido a la pandemia, ha mostrado signos de reducción, pero el camino hacia los niveles prepandémicos sigue siendo largo. Según proyecciones de la consultora Macroconsult, se estima que la pobreza se reducirá al 26.2% en 2025 y al 25.1% en 2026. Sin embargo, alcanzar el nivel de 2019 podría tardar hasta cinco años más, dependiendo del ritmo de crecimiento económico y de la estabilidad política del país.

El contexto actual es complejo, marcado por un año electoral y tensiones geopolíticas que afectan la economía. La exministra de Desarrollo e Inclusión Social, Carolina Trivelli, ha señalado que Perú se encuentra rezagado en comparación con otros países de América Latina, donde la mayoría ya ha regresado a niveles de pobreza prepandemia. Esto resalta la necesidad de un enfoque más efectivo para abordar la pobreza, que actualmente afecta a un 32% de la población, lo que equivale a más de 10 millones de peruanos sin acceso a servicios básicos como salud, educación y agua potable.

El crecimiento económico positivo proyectado para este año podría verse limitado por un aumento de la inflación, influenciado por la guerra en Medio Oriente y el consiguiente encarecimiento del petróleo. Este aumento de precios impacta de manera desproporcionada a las personas en situación de pobreza, quienes se ven obligadas a reducir su consumo alimentario. La incertidumbre política también juega un papel crucial, ya que la inestabilidad puede afectar la confianza empresarial y, por ende, la inversión privada.

Las decisiones del próximo gobierno serán determinantes para la trayectoria de la pobreza en el país. Si se implementan políticas que cuestionen la autonomía del Banco Central o que frenen el crecimiento económico, la reducción de la pobreza podría estancarse. Además, solo la mitad de las personas que caen en pobreza logran salir por sí solas; la otra mitad requiere apoyo estatal. Sin embargo, el actual debate electoral ha dejado de lado temas cruciales como la pobreza y la vulnerabilidad social, lo que genera poca esperanza de un compromiso político efectivo en este sentido.

Mirando hacia el futuro, es esencial que el nuevo gobierno adopte un enfoque más focalizado en el crecimiento económico, priorizando sectores como la pequeña agricultura y el comercio local. Esto, acompañado de políticas sociales más efectivas, podría acelerar la reducción de la pobreza. La situación actual exige un nuevo diagnóstico y una estrategia de desarrollo que se adapte a las realidades contemporáneas, lo que requiere un compromiso político y una adecuada asignación de recursos para combatir la pobreza de manera más efectiva.