En el último registro de abril de 2026, el precio del kilo de carne de res alcanzó los $31.819, lo que representa un incremento del 5,4% en lo que va del año. Este aumento ha sido objeto de debate en el contexto de presiones inflacionarias y la posibilidad de que el Gobierno implemente restricciones a las exportaciones de carne, un sector que genera aproximadamente US$350 millones anuales. La situación actual refleja una tendencia de aumento en los precios que ha sido impulsada principalmente por un crecimiento en la demanda interna, más que por problemas de oferta.

Analizando los datos del Sistema de Información de Precios y Abastecimiento del Sector Agropecuario, se observa que el precio de la carne ha aumentado un 15,6% en comparación con el mismo mes del año anterior, cuando el promedio era de $27.502 por kilo. Este incremento se ha visto respaldado por un aumento significativo en los ingresos de los hogares, con un aumento del salario mínimo del 9,5% en 2025 y del 23,7% en 2026. Este contexto ha llevado a un aumento en el consumo de carne, que se ha mantenido en niveles altos desde 2024, con un aumento del sacrificio de bovinos del 6,3% en 2025, la cifra más alta en más de una década.

Los cortes de carne más afectados por este aumento de precios han sido la chata, con un incremento del 7,03%, seguida de la bola de brazo y la falda, que también han mostrado aumentos significativos. Este fenómeno no puede atribuirse a un único factor, ya que el aumento en los costos laborales, que representan entre el 60% y el 65% de los costos de los frigoríficos, también ha influido en el precio final de la carne. Un aumento del salario mínimo del 23% ha llevado a incrementos estimados en el precio de la carne de entre el 12% y el 15%, lo que es considerable en comparación con el Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Además, las exportaciones de ganado en pie han generado un efecto especulativo en el mercado, afectando el inventario ganadero y contribuyendo a un posible desabastecimiento en el mediano plazo. La exportación de animales livianos y hembras ha sido señalada como un factor que podría agravar la situación, ya que estos animales deberían ser sacrificados en un plazo de uno a dos años. Sin embargo, desde Fedegan se sostiene que el aumento en los precios de la carne de res se debe principalmente a un mayor consumo interno, impulsado por un aumento en los ingresos de los colombianos.

De cara al futuro, es importante monitorear cómo se desarrollan las políticas gubernamentales en relación con las exportaciones de carne y cómo estas podrían afectar el mercado interno. La situación de la carne en Colombia podría tener implicaciones para el mercado argentino, dado que Argentina también es un importante productor y exportador de carne en la región. Las decisiones del Gobierno colombiano sobre las exportaciones pueden influir en la dinámica de precios en el mercado argentino, donde la carne también enfrenta presiones inflacionarias similares. Las próximas semanas serán cruciales para observar si se implementan restricciones a las exportaciones y cómo esto podría afectar la oferta y los precios en ambos países.