Pampa Energía, bajo la dirección de Marcelo Mindlin, ha solicitado formalmente la inclusión de su subsidiaria Fertil Pampa en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) para la producción de fertilizantes. Esta iniciativa busca construir una planta de urea granulada en el polo petroquímico de Bahía Blanca, con una inversión total de u$s2.400 millones. La planta tendrá una capacidad de producción anual de 2,1 millones de toneladas de urea granulada, un insumo esencial para el sector agropecuario argentino y regional.

Este proyecto representa un avance significativo en la estrategia de expansión industrial de Pampa Energía, que anteriormente había mostrado interés en adquirir Profertil, la planta de YPF y Nutrien, que finalmente fue adquirida por Adecoagro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) por más de u$s1.235 millones. Con la construcción de su propia planta, Pampa Energía busca no solo competir en el mercado de fertilizantes, sino también integrar verticalmente su producción, aprovechando su posición como uno de los principales productores de gas natural en Argentina, especialmente en Vaca Muerta, donde el gas es un insumo clave para la producción de urea.

La planta no solo se enfocará en la producción de urea, sino que también incluirá unidades de producción de amoníaco y dióxido de carbono. La ubicación estratégica en Bahía Blanca, cercana a la Central Térmica Piedra Buena y a los gasoductos de la cuenca neuquina, garantiza una eficiencia operativa que refuerza la viabilidad del proyecto. Este desarrollo se produce en un contexto donde alrededor del 50% de las importaciones de fertilizantes de Argentina provienen de regiones con alta volatilidad política, lo que representa un riesgo significativo para los productores locales.

Desde el punto de vista económico, se espera que la planta tenga un impacto considerable en la balanza comercial argentina, con la posibilidad de sustituir importaciones por un valor aproximado de u$s1.000 millones anuales. Esto no solo ayudaría a cubrir la demanda interna, sino que también podría generar excedentes exportables. La solidez del proyecto ha atraído el interés de organismos multilaterales, como el BID Invest, que está evaluando un paquete de financiamiento estructurado que podría alcanzar los u$s1.500 millones.

El cronograma oficial indica que la aprobación final de los créditos podría concretarse a finales de este año, lo que permitiría iniciar las etapas iniciales de ingeniería. La fase de construcción no solo impulsará la economía del sur bonaerense, generando miles de empleos directos e indirectos, sino que también posicionará a Bahía Blanca como un nodo clave en la producción y exportación de fertilizantes en el Cono Sur. La convergencia de proyectos en la región, como los de Adecoagro, refuerza esta tendencia, transformando a Bahía Blanca en un hub tecnológico e industrial de referencia en la agroindustria.