Las acciones de Unilever y Reckitt Benckiser han sufrido una caída significativa, del 23%, desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, específicamente tras los ataques de EE.UU. a Irán. Este conflicto ha desencadenado un aumento en los precios de la energía, lo que ha llevado al Fondo Monetario Internacional (FMI) a revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento global. Para las empresas de bienes de consumo, esto se traduce en un escenario complicado, donde se enfrentan a la posibilidad de aumentar precios, lo que podría resultar en una disminución de las ventas, o absorber los costos, sacrificando así sus márgenes de ganancia.

El impacto del conflicto se ha sentido de manera más aguda en las empresas que dependen de los mercados emergentes. Por ejemplo, Unilever obtiene aproximadamente el 59% de sus ingresos de estos mercados, mientras que Reckitt Benckiser depende en un 42% de sus ventas de sus principales marcas en economías emergentes. Esta alta exposición a países que son importadores netos de crudo, como muchos en el sudeste asiático e India, ha puesto a estas empresas en una posición vulnerable, ya que los consumidores en estas regiones destinan una parte considerable de su ingreso a alimentos y energía.

En contraste, empresas como Nestlé, Procter & Gamble y Kraft Heinz, que tienen una menor exposición a los mercados emergentes, han visto una caída de solo un 10% en sus acciones desde el inicio del conflicto. Estas compañías obtienen alrededor del 75% de sus ingresos de Europa y América, lo que les proporciona una mayor estabilidad en comparación con sus competidores más expuestos. Sin embargo, todas las empresas del sector enfrentan un aumento en los costos de las materias primas, lo que complica aún más su situación financiera.

La estrategia de aumentar precios para compensar los costos crecientes tiene sus límites. Antes del conflicto, ya se observaba una resistencia por parte de los consumidores ante el aumento de precios, que han subido entre un 20% y un 40% desde antes de la pandemia. Esta resistencia se ha manifestado en acciones como la reciente reducción de precios de hasta un 15% anunciada por PepsiCo en EE.UU. y las declaraciones del expresidente de Nestlé, quien admitió que las subidas de precios habían ido demasiado lejos, lo que resultó en una pérdida de cuota de mercado frente a competidores más económicos. Esto plantea un dilema crítico para las empresas de bienes de consumo: absorber los costos y sacrificar márgenes o aumentar precios y arriesgarse a perder ventas.

A medida que los costos siguen aumentando, es probable que las empresas deban tomar decisiones difíciles en el corto plazo. La presión sobre los márgenes es evidente y el ajuste apenas ha comenzado. Los inversores deben estar atentos a cómo estas empresas manejarán su estrategia de precios en el futuro, especialmente en un contexto donde el FMI ha recortado sus previsiones de crecimiento global. Las decisiones que tomen en los próximos meses serán cruciales para determinar su desempeño en el mercado y su capacidad para mantener la rentabilidad en un entorno económico desafiante.