El sindicato Solidaridad, vinculado al partido Vox, ha tenido un desempeño notablemente bajo en el ámbito de la negociación colectiva en España. Según datos del Ministerio de Trabajo, en 2025, Solidaridad solo participó en la firma de dos de los 1.017 convenios colectivos registrados en el país. Esta cifra contrasta drásticamente con los resultados de los sindicatos más establecidos, como UGT y CC OO, que firmaron 628 y 619 convenios, respectivamente. Este contexto pone de relieve la dificultad que enfrenta Solidaridad para establecerse como una alternativa viable en el panorama sindical español.

Desde su fundación en 2020, Solidaridad se ha presentado como una respuesta a lo que Vox considera la usurpación de la representación de los trabajadores por parte de sindicatos tradicionales, a los que califica de corruptos y extremistas. Sin embargo, a pesar de esta retórica, la realidad muestra que los sindicatos tradicionales han mantenido su dominio en la representación de los trabajadores. En un análisis más amplio, se observa que los sindicatos de clase han logrado importantes victorias en los últimos años, mejorando las condiciones laborales a través de la aprobación de leyes que benefician a los trabajadores.

Expertos en el tema, como Steven Forti, sugieren que la falta de éxito de Solidaridad se debe a la resistencia de los sindicatos tradicionales, que han logrado establecer una fuerte presencia en el territorio y en la conciencia de los trabajadores. Además, las políticas de Vox, que son percibidas como ultraliberales, dificultan que los trabajadores confíen en un sindicato que se asocia con un partido que promueve la individualización de las relaciones laborales. Esta percepción de falta de credibilidad es un obstáculo significativo para la atracción de afiliados y delegados.

El contexto actual también revela que Solidaridad ha intentado posicionarse en sectores laborales emergentes, como el de los repartidores de comida a domicilio. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la representación en elecciones sindicales ha sido mínima. En las elecciones recientes en Glovo, por ejemplo, Solidaridad solo logró obtener tres delegados de un total de 25 disponibles, mientras que los sindicatos tradicionales dominaron la contienda. Este resultado pone de manifiesto la dificultad de Solidaridad para competir en un entorno donde los trabajadores ya están alineados con sindicatos más establecidos.

Mirando hacia el futuro, la situación de Solidaridad plantea interrogantes sobre su capacidad para crecer y ganar influencia en el ámbito sindical. Con las elecciones generales programadas para mayo de 2026, será crucial observar si el partido Vox logra capitalizar su creciente apoyo entre la clase trabajadora y si eso se traduce en un aumento de la afiliación y representación de Solidaridad. Sin embargo, la historia reciente sugiere que, a menos que cambien sus estrategias y logren generar confianza entre los trabajadores, la relevancia de Solidaridad seguirá siendo limitada en el panorama sindical español.