El dólar estadounidense cerró el 13 de abril de 2026 a R$ 4,99, marcando su cuarto día consecutivo de caída y alcanzando un nivel que no se veía desde hace más de dos años. Este descenso se debe principalmente a un aumento en la inversión extranjera en Brasil, donde los capitales internacionales están buscando alternativas en el mercado local, lo que ha generado una mayor oferta de dólares y, por ende, una presión a la baja sobre su precio. La reciente tendencia de desvalorización del dólar ha sido impulsada por un cambio en la percepción de riesgo global, especialmente en el contexto de las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente y las decisiones de política externa del presidente estadounidense, Donald Trump.

La caída del dólar también está relacionada con el flujo de capital hacia Brasil, donde los inversores están viendo oportunidades atractivas en la bolsa y otros activos. Este fenómeno se ha traducido en un superávit en la balanza de pagos, donde entra más dinero al país del que sale. Según el estratega de Avenue, William Castro Alves, este rearranjo de capital global ha debilitado al dólar no solo frente al real, sino también contra otras monedas. En 2025, el dólar ya había experimentado una caída del 11,8% frente al real, lo que representa el mayor retroceso en casi una década.

El contexto actual también está influenciado por la incertidumbre en torno a la política exterior de Estados Unidos, especialmente tras el fracaso de las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán. La decisión de Trump de bloquear el Estrecho de Ormuz ha generado temores sobre un posible aumento en los precios del petróleo, que actualmente rondan los 100 dólares por barril. Este aumento en los precios del petróleo podría tener un impacto significativo en la economía brasileña, dado que el país es un exportador neto de commodities, lo que podría beneficiar aún más al real en el futuro.

Los analistas destacan que la diferencia de tasas de interés entre Brasil y Estados Unidos también juega un papel crucial en la apreciación del real. Con tasas de interés más altas en Brasil, los inversores están incentivados a colocar su capital en el país, lo que aumenta la demanda por el real y, a su vez, presiona el precio del dólar a la baja. Este escenario es favorable para los tenedores de activos en Brasil, quienes podrían ver una mejora en sus rendimientos a medida que el real se fortalezca.

De cara al futuro, es importante monitorear la evolución de las tensiones geopolíticas y sus repercusiones en los mercados financieros. La posibilidad de un acuerdo entre las naciones involucradas en el conflicto podría influir en la dirección del dólar y en la percepción de riesgo de los inversores. Además, se debe prestar atención a las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos, ya que cualquier indicio de cambios en las tasas de interés podría alterar el flujo de capital hacia Brasil y, por ende, impactar el valor del real frente al dólar.