El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha actualizado su proyección de crecimiento para Brasil en 2026, elevándola a un 1,9%, lo que representa un aumento de 0,3 puntos porcentuales respecto a la estimación anterior de enero. Este ajuste se debe, en parte, a un impacto positivo derivado de la guerra en el Medio Oriente, ya que Brasil es un exportador de petróleo. Sin embargo, el pronóstico para 2027 ha sido revisado a la baja, lo que genera incertidumbre sobre la trayectoria económica a mediano plazo.

El crecimiento proyectado para 2026, aunque mejorado, sigue siendo inferior al 2,3% registrado en 2025, que fue el más bajo desde 2020, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El FMI estima que la guerra en el Medio Oriente podría aportar un impulso de aproximadamente 0,2 puntos porcentuales al crecimiento, gracias al aumento en los precios del petróleo. Esto se produce en un contexto donde el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte de petróleo, ha sido cerrado debido al conflicto, lo que ha elevado los precios del combustible y generado preocupaciones sobre la inflación.

A pesar de la mejora en la proyección para 2026, el Banco Central de Brasil mantiene una perspectiva más conservadora, estimando un crecimiento de solo 1,6% para el mismo año. Por otro lado, el Ministerio de Hacienda tiene una visión más optimista, con una proyección de 2,3%. Este desacuerdo entre las instituciones refleja la incertidumbre que rodea la economía brasileña, especialmente en un entorno global marcado por la volatilidad de los precios de los insumos y las condiciones financieras más restrictivas.

Para los inversores, el crecimiento moderado de Brasil podría influir en la dinámica de los mercados de commodities, especialmente en el sector energético. La dependencia del país de las exportaciones de petróleo significa que cualquier fluctuación en los precios del crudo podría tener un impacto directo en la balanza comercial y en la inflación interna. Además, el FMI ha señalado que las reservas internacionales adecuadas y la baja dependencia de deuda en moneda extranjera son factores que podrían ayudar a Brasil a absorber los choques externos.

Mirando hacia el futuro, los inversores deben estar atentos a la evolución de la guerra en el Medio Oriente y su impacto en los precios del petróleo, así como a las decisiones de política monetaria del Banco Central. La próxima reunión del Comité de Política Monetaria está programada para mayo, donde se espera que se discutan las tasas de interés en un contexto de inflación creciente. Además, el informe de proyección económica del FMI para 2027 será un indicador clave para evaluar la salud económica a largo plazo de Brasil.