La reciente escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha provocado un aumento significativo en los precios del petróleo, y ahora se vislumbra un nuevo frente: las commodities agrícolas. Este aumento en los precios de los insumos agrícolas se debe a la interrupción de las cadenas logísticas y al encarecimiento de los fertilizantes, lo que podría marcar el inicio de un nuevo ciclo de alta en el sector. Según Matheus Spiess, analista de Empiricus Research, este fenómeno no es solo consecuencia del conflicto, sino que responde a cambios estructurales en la economía global.

Tradicionalmente, existe una relación inversa entre el valor del dólar y los precios de las commodities. En un contexto donde el dólar se ha fortalecido, los precios de las materias primas tienden a caer. Sin embargo, Spiess sugiere que podríamos estar ante un debilitamiento del dólar en el futuro, lo que podría favorecer un aumento sostenido en los precios de las commodities. Este cambio podría ser impulsado por el aumento de la deuda de Estados Unidos y un riesgo fiscal elevado, lo que lleva a un movimiento global hacia la diversificación de las reservas en otras monedas.

El impacto de la guerra en el Medio Oriente también se siente en el mercado de fertilizantes, crucial para la producción agrícola. La reciente decisión de Rusia de suspender las exportaciones de fertilizantes por un mes, priorizando su abastecimiento interno, ha exacerbado la situación. En Brasil, donde aproximadamente el 40% de los fertilizantes utilizados en el agro provienen de la región, este encarecimiento ya se ha comenzado a reflejar en los precios, con un aumento del 50% en el costo de la ureia desde el inicio del conflicto. Esto genera un temor inflacionario que podría afectar no solo a los precios de los alimentos, sino también a la economía en general.

Los inversores deben estar atentos a cómo este aumento en los costos de producción puede trasladarse a los precios finales de los alimentos, generando una presión inflacionaria que podría ser difícil de manejar para los gobiernos, incluidos aquellos involucrados en el conflicto. La inflación es un tema delicado, especialmente en un año electoral en Estados Unidos, donde el presidente Biden podría enfrentar un aumento en la impopularidad si los precios continúan en ascenso.

A medida que la situación se desarrolla, es crucial monitorear cómo los cambios en la infraestructura del Medio Oriente, como el posible ataque a instalaciones de dessalinización, podrían afectar no solo el suministro de agua, sino también la producción de alimentos en la región. Si el conflicto se intensifica, podríamos enfrentar una crisis humanitaria que tendría repercusiones globales. Para los inversores, la estrategia podría ser buscar exposición a empresas del sector de commodities que puedan beneficiarse de este ciclo de alta, como el ETF CMDB11, que ofrece una forma diversificada de invertir en el sector agrícola y energético brasileño.