Ecuador, un país sudamericano que alguna vez fue pacífico, se encuentra sumido en una crisis de violencia relacionada con el narcotráfico. Desde la pandemia de 2020, la tasa de homicidios ha alcanzado niveles alarmantes, con un promedio de 51 asesinatos por cada 100,000 habitantes en 2025. Esta situación ha impactado severamente la economía del país, particularmente su industria petrolera, que se encuentra atrapada en un ciclo de declive debido a la violencia y el robo de petróleo.

La ubicación geográfica de Ecuador, entre los principales productores de cocaína, Colombia y Perú, ha convertido al país en un punto de tránsito clave para el narcotráfico. Según el presidente ecuatoriano, el 70% de la cocaína producida en la región se envía desde Ecuador hacia mercados en Europa, América del Norte y Asia. Esta creciente actividad delictiva ha llevado a un aumento de la violencia, lo que a su vez ha afectado la producción de petróleo, que ha disminuido drásticamente en la última década debido a sabotajes y robos.