Javier Milei, presidente de Argentina, celebró la reciente disminución de la inflación mayorista, que se ubicó en 1,0% en febrero, una caída respecto al 1,7% de enero. Este dato fue destacado por su asesor Felipe Núñez, quien enfatizó que la inflación comenzó con un 0 antes de agosto, lo que refuerza la narrativa del gobierno sobre el control de precios.

El descenso en la inflación mayorista se debe en gran parte a la deflación de los productos importados, que cayeron un 2,7%. Sin embargo, los precios de la energía aumentaron un 7,1% debido a la eliminación de subsidios, lo que complica la situación general de precios en el país.

A pesar de la buena noticia en el ámbito mayorista, se anticipa que no habrá un impacto inmediato en los precios minoristas. Esto se debe a un reciente aumento en los precios de los combustibles, que han subido entre un 8% y un 10% por la guerra en Medio Oriente, lo que podría contrarrestar cualquier efecto positivo de la baja en la inflación mayorista.

Los economistas sugieren que, aunque la estabilidad del tipo de cambio puede ayudar a desacelerar la inflación, los ajustes en tarifas y combustibles, junto con la inercia en el sector minorista, mantendrán la inflación minorista en niveles elevados. Para 2026, se proyecta una inflación mayorista anual en torno al 30%, lo que indica que la lucha contra la inflación aún está lejos de concluir.