Recientemente, el Banco Central de Uruguay (BCU) ha publicado su encuesta mensual de expectativas económicas, donde los analistas han recortado sus proyecciones de crecimiento para la economía uruguaya en 2026 a un 1,6%. Esta cifra representa una disminución significativa respecto al 2% que se había mantenido durante gran parte del año pasado, reflejando un enfriamiento en la actividad económica del país.

Los datos más recientes indican que Uruguay cerró 2025 en recesión técnica, con dos trimestres consecutivos de caída en la actividad económica. Además, el Índice Líder del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (ILC) mostró una caída negativa en febrero, marcando su primera disminución en más de dos años, lo que refuerza la tendencia de desaceleración económica que ha comenzado desde el tercer trimestre del año anterior.

A pesar de que el gobierno mantiene una meta de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2,2% para 2026, las proyecciones de los expertos sugieren un crecimiento más moderado, con una mediana de 1,8% anual. Esta discrepancia entre las expectativas del mercado y las metas gubernamentales podría señalar riesgos de sobreestimación en las proyecciones de crecimiento a largo plazo, según el Consejo Fiscal Autónomo.

En cuanto a la inflación, los analistas han mantenido sus expectativas sin grandes cambios, proyectando un aumento de precios de 4,4% para 2026. Este contexto de desaceleración y proyecciones de inflación alineadas con las metas del BCU son factores que los inversores deben considerar al evaluar el panorama económico de Uruguay y su impacto en la región, especialmente en relación con Argentina y Brasil.