La Copa del Mundo 2026, que se llevará a cabo en Estados Unidos, Canadá y México, presenta un desafío logístico para los aficionados brasileños debido a la implementación del horario de verano en los Estados Unidos. Este ajuste, que adelanta los relojes en una hora, permite que muchos partidos comiencen a horarios más accesibles para el público brasileño, evitando que algunos encuentros se disputen después de la medianoche en Brasil. Por ejemplo, el partido entre Alemania y Ecuador, programado para el 25 de junio, se verá beneficiado por este cambio, ya que se programará para iniciar antes de la 1 a.m. hora de Brasilia, en lugar de más tarde.

El horario de verano es una medida que busca optimizar el uso de la luz solar y reducir el consumo energético en horas pico. En este caso, Estados Unidos y Canadá han adoptado esta práctica, que tiene sus raíces en Alemania desde la Primera Guerra Mundial, como una estrategia para ahorrar combustible. En Brasil, esta medida fue implementada por primera vez en 1931, pero fue suspendida en 2019 debido a la falta de beneficios claros en la economía de energía. Esto significa que los aficionados brasileños deberán adaptarse a los horarios de los partidos en función de los diferentes husos horarios de las sedes.

La Copa del Mundo de 2026 se jugará en cuatro husos horarios diferentes: Costa Este (UTC-4), Región Central (UTC-5), México (UTC-5) y Costa Oeste (UTC-7). Esto implica que los horarios de inicio de los partidos variarán considerablemente, lo que puede afectar la planificación de los aficionados que desean seguir los encuentros en vivo. Por ejemplo, los partidos en la Costa Oeste comenzarán a las 22:00 hora local, lo que equivale a las 2:00 a.m. en Brasil, lo que podría ser un desafío para los seguidores que desean disfrutar de la competencia sin desvelarse.

Desde un punto de vista financiero, la Copa del Mundo representa una oportunidad significativa para el comercio y el turismo en las ciudades anfitrionas. Se espera que la llegada de turistas genere un impacto económico positivo, aunque el efecto directo en el mercado argentino puede ser limitado. Sin embargo, la atención que genera el evento podría influir en el consumo y en la percepción del mercado en general, lo que podría tener un efecto indirecto en las decisiones de inversión en el país.

A medida que se acerca la Copa del Mundo, es importante que los aficionados y los inversores estén atentos a cómo se desarrollan los planes logísticos y las decisiones de programación. Con la FIFA estableciendo horarios en función de los diferentes husos horarios, los aficionados brasileños deberán estar preparados para adaptarse a estos cambios. Además, el impacto económico del evento podría ser un tema a seguir, especialmente en relación con el turismo y el comercio en las ciudades anfitrionas, lo que podría tener repercusiones en el mercado argentino en el futuro cercano.