La refinería de Moscú, operada por Gazprom Neft, enfrenta un futuro incierto tras sufrir daños estructurales significativos debido a ataques con drones de largo alcance por parte de Ucrania. Según informes, es poco probable que la instalación reanude su producción antes de 2027, lo que representa un golpe adicional para Rusia, que ya lidia con severas escaseces de combustible. Este complejo, que procesó 11.6 millones de toneladas métricas de crudo en 2024, solía abastecer casi la mitad de las necesidades de combustible de la capital rusa.

Los daños en la refinería son tan graves que se estima que permanecerá fuera de servicio por al menos seis meses, lo que obligará a Rusia a enfrentar una crisis de combustible más prolongada de lo que se había anticipado. La situación se complica aún más con la reciente caída del 25% en la producción semanal de gasolina, atribuida en gran parte a los daños en la infraestructura energética. Regiones como Crimea ya están experimentando déficits de gasolina, lo que ha llevado a las autoridades locales a implementar estrictas restricciones en la compra de combustible y a limitar las horas de operación de los servicios públicos.

En respuesta a esta crisis, el gobierno ruso está considerando una prohibición total de las exportaciones de diésel y la posibilidad de importar combustible por vía marítima para estabilizar la situación interna. El viceprimer ministro Alexander Novak ha declarado que el gobierno está acelerando la legislación fiscal para incentivar las entregas internas y ha comenzado a utilizar reservas de emergencia no aprovechadas. Además, se han aprobado medidas para aumentar el suministro de combustible en el país, incluyendo nuevos subsidios para el combustible importado y alivios temporales para las refinerías afectadas por las interrupciones causadas por la guerra.

La refinería de Moscú, que representa aproximadamente el 53% de la capacidad de procesamiento de la planta, se ha convertido en un objetivo estratégico en el conflicto, y los ataques a las instalaciones de almacenamiento de combustible también han aumentado. Recientemente, un ataque a un depósito estratégico en Rybinsk destruyó 15 tanques de combustible táctico, lo que subraya la vulnerabilidad de la infraestructura energética rusa. Esta situación podría llevar a un aumento en los precios del combustible en el mercado interno y a un mayor descontento social si las restricciones de combustible se amplían.

A medida que Rusia busca estabilizar su mercado de combustible, se están considerando importaciones de países como Turquía y otros proveedores asiáticos. La gestión de las reservas estratégicas del país, a cargo de la Agencia Federal de Reservas del Estado (Rosrezerv), se ha vuelto crítica, pero también está bajo amenaza debido a los ataques. Los inversores deben estar atentos a cómo estas dinámicas afectarán el mercado energético global y las implicaciones para los precios del petróleo en el futuro cercano, especialmente dado que la refinería de Moscú es un actor clave en el suministro de combustible en la región.