Un reciente análisis de Goldman Sachs revela que la guerra en el Estrecho de Ormuz ha desencadenado un aumento inesperado en la demanda de vehículos eléctricos a nivel mundial. Desde febrero de 2026, cuando las tensiones en la región se intensificaron, los precios de los combustibles han aumentado significativamente, lo que ha llevado a los consumidores a optar por alternativas más económicas como los autos eléctricos. En el último mes, la participación de los vehículos eléctricos en las ventas globales alcanzó un récord histórico del 26,1%, un incremento de 3,4 puntos porcentuales en solo cuatro meses. Este cambio en el comportamiento del consumidor podría tener repercusiones importantes en el mercado del petróleo.

Goldman Sachs estima que cada millón de autos eléctricos que reemplazan a los de combustión interna reduce la demanda de petróleo en aproximadamente 30 mil barriles diarios en Estados Unidos y 20 mil barriles en el resto del mundo. Aplicando esta fórmula a las ventas recientes, el banco proyecta dos escenarios hasta diciembre de 2027: en el más conservador, la demanda global de petróleo podría ser 130 mil barriles diarios menor debido al choque en Ormuz. En el escenario más severo, donde las ventas de eléctricos continúan creciendo, la caída podría alcanzar los 320 mil barriles diarios, lo que representa una reducción significativa en un mercado que consume alrededor de 103 millones de barriles diarios.

Este análisis también destaca que la caída en la demanda no se limita a los autos. Aproximadamente el 55% de la demanda global de petróleo proviene de usos no relacionados con el transporte, como la petroquímica y la aviación. Además, el uso creciente de motos eléctricas en países como India y Vietnam, donde representan hasta el 92% y 80% de las ventas de vehículos eléctricos respectivamente, no está considerado en las proyecciones de Goldman Sachs, lo que sugiere que el impacto real podría ser aún mayor. La combinación de estos factores sugiere que la transición hacia energías más limpias podría estar ocurriendo más rápidamente de lo anticipado.

Para los inversores, las implicaciones son claras. Una disminución estructural en la demanda de petróleo podría afectar negativamente las ganancias de empresas como Petrobras, que históricamente dependen de los precios del barril para sus dividendos. Si la tendencia hacia los vehículos eléctricos continúa, la presión sobre los precios del petróleo podría ser significativa, llevando a un escenario donde el precio del Brent podría caer entre 50 y 60 dólares por barril para finales de 2027. Esto podría traducirse en una menor rentabilidad para los accionistas de la compañía.

Mirando hacia el futuro, es crucial observar cómo se desarrollan las tensiones en el Estrecho de Ormuz y si las restricciones al tráfico en esta zona se vuelven más prolongadas. Un aumento en la oferta de petróleo debido a la caída de la demanda podría equilibrar el mercado, pero si la oferta se ve afectada, podríamos ver un aumento en los precios a corto plazo. Las decisiones de inversión en el sector energético deben considerar estos factores, ya que la transición hacia energías renovables y la creciente adopción de vehículos eléctricos están cambiando rápidamente el panorama del mercado global de petróleo.