En la última década, el desarrollo de los reactores modulares pequeños (SMR) ha sido un tema de gran interés en el sector energético. Estos reactores, que tienen una capacidad de hasta 300 MW(e) por unidad, prometen ser más económicos y rápidos de construir que los reactores nucleares tradicionales. Sin embargo, a pesar de la expectativa inicial, el progreso ha sido desigual debido a interrupciones en la cadena de suministro y dificultades técnicas. En este contexto, algunos países continúan invirtiendo fuertemente en esta tecnología, con la esperanza de que impulse la innovación en el sector nuclear.

A nivel global, países como Estados Unidos, China y Rusia están liderando el desarrollo de SMR. En particular, Rusia y China son los únicos países que ya cuentan con SMR operativos conectados a la red. La planta flotante Akademik Lomonosov de Rusia genera electricidad y calor, mientras que el HTR-PM de China, un reactor de lecho de guijarros enfriado por gas, se dedica exclusivamente a la generación eléctrica. En contraste, otros países como Japón y varios europeos aún están en etapas de investigación o desarrollo, lo que resalta la disparidad en el avance de esta tecnología.

En Estados Unidos, el gobierno ha implementado políticas favorables para fomentar la innovación en SMR. Empresas como TerraPower, X-energy y NuScale están a la vanguardia de este desarrollo. En 2025, la administración Trump emitió órdenes ejecutivas para revitalizar el sector nuclear, buscando aumentar la capacidad nuclear del país de 100 GW a 400 GW para 2050. La colaboración con Japón para desplegar SMRs en Tennessee y Alabama es un ejemplo de cómo se están formando alianzas internacionales para avanzar en esta tecnología.

A pesar del apoyo gubernamental, los desafíos para la implementación comercial de los SMR son significativos. Aunque se han presentado prototipos prometedores, la transición a una producción comercial a gran escala sigue siendo compleja. Más de 120 diseños de SMR han sido registrados globalmente, pero muchos no han logrado la licencia necesaria para su operación. En Europa, la fragmentación de los reguladores nacionales y las diferencias políticas entre los estados miembros complican aún más el panorama, mientras que en Estados Unidos, la falta de coordinación a largo plazo podría obstaculizar el desarrollo industrial.

Mirando hacia el futuro, el primer despliegue comercial de SMR en Estados Unidos se espera para 2028, pero el camino hacia la adopción masiva aún está lleno de obstáculos. La dependencia de combustible HALEU, que es producido en gran parte por Rusia, también plantea un riesgo para la implementación de estos reactores en otros países. A medida que el mundo busca alternativas energéticas más sostenibles, el éxito o fracaso de los SMR podría tener implicaciones significativas para la industria nuclear y, por ende, para la seguridad energética global.