La reciente tregua entre Estados Unidos e Irán ha permitido la reapertura del estrecho de Ormuz, una vía crucial para el comercio global de petróleo. Este acuerdo, formalizado el 19 de junio, establece un plazo de 60 días para alcanzar un pacto definitivo que incluye la reanudación del tránsito marítimo, la renuncia de Irán a desarrollar armas nucleares y la eliminación de sanciones al petróleo iraní. El estrecho de Ormuz es vital, ya que por él transita aproximadamente el 20% del petróleo crudo y del gas natural licuado del mundo. Su cierre, que comenzó el 4 de marzo, provocó un aumento en los precios internacionales del petróleo, alcanzando hasta 120 dólares por barril, lo que tuvo un efecto inmediato en los precios de los combustibles a nivel global.

Durante el cierre del estrecho, se estima que se perdieron alrededor de 12 millones de barriles diarios de oferta proveniente del Golfo Pérsico, lo que generó un impacto significativo en el mercado. Según datos de Argus Media, el mercado logró absorber este choque a través de una combinación de excedentes previos, destrucción de demanda y liberación masiva de inventarios, con cerca de 1,700 millones de barriles retirados de reservas a nivel global entre marzo y el tercer trimestre de 2026. Sin embargo, aunque la reapertura es una señal de estabilización, los analistas advierten que la normalización del mercado no será inmediata.

Francis Osborne, jefe de análisis de petróleo de Argus, señala que incluso con un cese definitivo de hostilidades, los flujos energéticos no volverán automáticamente a los niveles previos. Los propietarios de buques, operadores y aseguradoras adoptarán un enfoque cauteloso antes de reanudar las rutas marítimas, prefiriendo observar tránsitos exitosos de otros barcos durante un periodo sostenido. Además, el ajuste logístico que implica la reubicación de tonelaje marítimo y tripulaciones puede llevar tiempo, y es posible que parte del comercio energético haya migrado a rutas alternativas durante el conflicto.

En el segmento de petrolíferos, la normalización del flujo por Ormuz podría traducirse en un restablecimiento gradual del abasto energético hacia Europa, Asia y África en un horizonte de aproximadamente seis semanas. Europa espera recibir turbosina y diésel, mientras que Asia demanda crudo, nafta y gas LP. Sin embargo, no se anticipa un alivio inmediato en la oferta física en Europa, ya que los buques tardan entre cuatro y seis semanas en llegar. En México, el impacto del conflicto se ha sentido con cierto desfase, pero ha llevado a ajustes en los precios de los combustibles importados, que representan hasta el 40% del consumo nacional.

El gobierno mexicano ha activado estímulos al IEPS para contener las presiones inflacionarias, reduciendo la carga fiscal en estaciones de servicio. A pesar de que la gasolina regular se mantiene con un tope de 24 pesos por litro desde febrero del año pasado, el diésel ha experimentado ajustes significativos, pasando de un precio máximo de 28.50 pesos a 27 pesos por litro. Este aumento en los precios del crudo también ha beneficiado a Pemex, cuya mezcla de exportación superó los 100 dólares por barril, generando mayores ingresos tanto para la empresa como para el gobierno federal.

En el corto plazo, se espera que el mercado energético continúe exhibiendo volatilidad, y la normalización de precios será progresiva. Aunque los precios del petróleo y de los combustibles en Estados Unidos puedan bajar, esto no se reflejará de inmediato para los consumidores finales en México, especialmente debido al tope de precios que rige actualmente en el mercado. La situación en el estrecho de Ormuz y su impacto en el comercio petrolero global son factores a seguir de cerca, ya que su evolución podría influir en los precios de los combustibles y en la economía de varios países, incluida Argentina.