La economía brasileña ha mostrado un crecimiento inesperado en el consumo de las familias, a pesar de un contexto de altas tasas de interés y un aumento significativo en el endeudamiento. En el primer trimestre de 2026, el Producto Interno Bruto (PIB) creció un 1% en comparación con el trimestre anterior y un 1,7% en relación al mismo periodo del año anterior. Este fenómeno ha sorprendido a economistas que anticipaban una desaceleración de la actividad económica debido a las condiciones crediticias restrictivas y la creciente morosidad entre los consumidores.

Uno de los factores clave detrás de este aumento en el consumo es el robusto mercado laboral. La tasa de desempleo se situó en un 5,8% en abril, el nivel más bajo para este periodo en la historia del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Además, el ingreso real habitual de los trabajadores alcanzó los R$ 3.732, lo que representa un incremento del 5,3% en comparación con el año anterior. Estas mejoras en el empleo y los ingresos han permitido a las familias mantener su capacidad de consumo, a pesar de las presiones inflacionarias y el alto costo del crédito.

Las políticas públicas también han jugado un papel fundamental en este contexto. La ampliación de la exención del Impuesto sobre la Renta para quienes ganan hasta R$ 5.000 y el programa Desenrola 2.0, que busca aliviar las deudas de los ciudadanos, han contribuido a mejorar la situación financiera de muchas familias. Según expertos, estas transferencias de ingresos se destinan principalmente al consumo inmediato, lo que ha sostenido la demanda en sectores como la alimentación, vestuario y servicios.

Sin embargo, el aumento del consumo se produce en un entorno de creciente endeudamiento. Los datos del Banco Central indican que el nivel de endeudamiento de las familias alcanzó el 49,8% en marzo, un aumento del 0,8% respecto al mismo mes del año anterior. La morosidad también ha crecido, con un 7,2% de las operaciones de crédito en mora, lo que plantea preocupaciones sobre la sostenibilidad de este modelo de consumo basado en el crédito. La clase media, en particular, se enfrenta a una presión creciente, ya que su capacidad de consumo se ve limitada por el encarecimiento del crédito.

A pesar de las proyecciones de tasas de interés e inflación elevadas en el futuro cercano, se espera que el consumo de las familias continúe creciendo. La Fundación Getulio Vargas (FGV) estima que el consumo familiar podría cerrar el año con un aumento del 2,2%, superando el crecimiento del 1,3% registrado en 2025. La combinación de un mercado laboral fuerte y posibles nuevos estímulos económicos en un año electoral podría seguir impulsando el consumo en Brasil, aunque los riesgos asociados al endeudamiento y la morosidad permanecen como factores a monitorear.

En resumen, el crecimiento del consumo en Brasil es un fenómeno complejo que refleja tanto mejoras en el mercado laboral como el impacto de políticas públicas. Sin embargo, el alto nivel de endeudamiento y la creciente morosidad plantean desafíos para la sostenibilidad de este crecimiento. Los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan estas dinámicas en los próximos meses, especialmente en un contexto electoral que podría traer cambios significativos en las políticas económicas.