Haití, el próximo rival de Brasil en la Copa del Mundo, enfrenta una crisis económica severa que se ha intensificado en los últimos años. El país ha acumulado siete años consecutivos de recesión, con una inflación que alcanzó el 21% en abril de 2026. Esta situación ha llevado a que 5,7 millones de haitianos se encuentren en situación de inseguridad alimentaria, lo que convierte a Haití en el país más pobre de las Américas, con un PIB per cápita de apenas 3.000 dólares, en comparación con los 12.300 dólares de Brasil.

Los problemas económicos de Haití tienen raíces históricas profundas. Desde su independencia en 1804, el país ha enfrentado un aislamiento económico significativo, exacerbado por la exigencia de indemnización de Francia, que dejó al país en una situación financiera precaria. Esta deuda histórica ha sido un lastre que ha impedido el desarrollo económico y ha contribuido a la inestabilidad política crónica que ha marcado la historia haitiana. La inestabilidad se ha visto agravada por regímenes autoritarios, como el de la familia Duvalier entre 1957 y 1986, que no solo deterioraron la economía, sino que también instauraron un clima de violencia y represión.

La economía haitiana se basa principalmente en la agricultura, que representa el 14,4% del PIB, pero ha sufrido caídas significativas en la producción debido a factores como el cambio climático y la falta de inversión. En los últimos años, la producción de cultivos clave como el maíz ha disminuido en un 29%, lo que ha contribuido a la crisis alimentaria. Además, la presencia de grupos criminales que controlan gran parte del territorio ha dificultado aún más la actividad económica, bloqueando rutas de transporte y aumentando los costos operativos para las empresas.

El impacto de la violencia y la inseguridad es palpable en la economía. Las empresas enfrentan mayores costos de operación debido a la extorsión y el control de las rutas de transporte por parte de las pandillas. Esto no solo afecta a las empresas, sino que también repercute en los precios finales de los productos, lo que agrava la situación de los consumidores. La dependencia de las remesas enviadas por haitianos en el extranjero, que alcanzaron 4,91 mil millones de dólares en 2025, se ha vuelto crucial para la economía, pero también refleja la falta de oportunidades internas.

A futuro, el principal desafío para Haití será restaurar la seguridad y la autoridad del Estado. Sin un entorno seguro, será difícil atraer inversiones y generar empleo. La recuperación económica dependerá de reformas internas y del apoyo continuo de la comunidad internacional. La situación actual plantea un escenario complicado para los inversores, quienes deben considerar la inestabilidad política y económica al evaluar cualquier oportunidad en la región. La atención a la evolución de la situación en Haití será crucial, especialmente en el contexto de su enfrentamiento con Brasil en la Copa del Mundo, que podría atraer más interés internacional hacia el país.