Durante el primer trimestre de 2026, el 83% de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) industriales en Argentina reportaron una caída en sus ventas, según el último informe de la Fundación Observatorio PyME. Este dato marca el nivel más alto de deterioro comercial desde que se inició la serie de relevamiento, superando problemas como el aumento de costos y la competencia importada. La contracción interanual de la producción alcanzó el 9,2%, mientras que la baja trimestral desestacionalizada fue del 1,7%, lo que indica una tendencia preocupante en la actividad manufacturera del país.

La caída en la facturación ha tenido un impacto directo en la economía de estas empresas. Un 57% de las firmas encuestadas reportó una reducción en sus ingresos durante los primeros tres meses del año, y el 61% de ellas atribuyó esta disminución a una menor demanda en el mercado interno. Solo el 25% de las empresas logró aumentar su facturación, destacando un mejor desempeño en las ventas de productos importados. Esto sugiere que las PYMES están reconfigurando sus estrategias comerciales ante un entorno de creciente competencia externa.

El mercado externo, por otro lado, mostró un comportamiento más estable, con el 46% de las compañías manteniendo sus niveles de facturación vinculados a exportaciones. Sin embargo, más del 60% de las PYMES aún dependen en gran medida del consumo interno. Este contexto es crítico, ya que el aumento de costos de insumos ha afectado al 67% de las empresas, y la preocupación por los retrasos en los pagos de clientes ha crecido del 35% al 60% en un año. Esta situación genera un clima de incertidumbre que podría limitar aún más la capacidad de inversión y crecimiento de las PYMES.

El informe también revela que la competencia importada se ha intensificado, con un 46% de las PYMES industriales expresando preocupación por el ingreso de productos extranjeros, un aumento significativo respecto al 25% del año anterior. Los sectores más afectados incluyen caucho y plástico, textiles, autopartes y metalmecánica. Esta presión competitiva se suma a la caída de ingresos y producción, lo que ha llevado a una reducción del empleo en el sector, con una caída del 1,4% en la cantidad de ocupados respecto al trimestre anterior, acumulando trece trimestres consecutivos de retroceso.

Las expectativas empresariales no muestran señales de mejora. El Índice de Confianza Empresarial ha descendido a 40 puntos, su nivel más bajo desde el tercer trimestre de 2023. Además, el Índice Anticipatorio del Ciclo de Actividad PyME se mantiene en zona contractiva, lo que indica que las perspectivas para el sector son poco alentadoras. Solo el 36% de los empresarios considera que es un buen momento para invertir, una cifra que, aunque ha mejorado respecto a fines de 2025, sigue siendo inferior al 44% de 2024 y muy lejos del máximo histórico de 63,9% alcanzado en 2005.

El acceso al financiamiento continúa siendo una limitación crítica, con solo el 18% de las PYMES utilizando crédito bancario, la cifra más baja desde 2006. Esto obliga a que cerca del 75% de las inversiones en maquinaria y equipamiento dependan de recursos propios. Ante este panorama, las empresas han señalado la necesidad de medidas como el alivio fiscal (72% de las firmas), estabilidad macroeconómica (61%) y acciones contra la competencia desleal (59%). La situación es compleja y se espera que el segundo semestre de 2026 sea un desafío para reactivar la manufactura y el consumo sin comprometer el equilibrio comercial alcanzado.