Uruguay ha mantenido su credibilidad macroeconómica a pesar de la creciente incertidumbre internacional. El riesgo país se encuentra en niveles históricamente bajos, lo que refleja la confianza de los mercados en la economía uruguaya. Sin embargo, a pesar de esta estabilidad, la inversión sigue siendo un desafío crítico que impide un crecimiento más acelerado. Actualmente, la inversión representa solo el 16% del PIB, un nivel que se considera bajo en comparación con otros países de América Latina.

La actividad económica en Uruguay se sostiene principalmente a través del consumo y las exportaciones, mientras que la inversión no logra despegar. Según un informe de BBVA, la economía uruguaya ha estado experimentando una desaceleración estructural durante más de una década. Este fenómeno se ha visto acentuado por la disminución del crecimiento potencial, que ha pasado de un 2,5% a un 2% en los últimos años. La falta de inversión sostenida es uno de los factores que limita el crecimiento a largo plazo, y se ha convertido en un tema recurrente en las discusiones económicas del país.

Uno de los aspectos que complica la situación es la dependencia de grandes proyectos puntuales para impulsar la inversión. Proyectos como las plantas de celulosa y el Ferrocarril Central han generado picos temporales en la formación de capital, pero una vez que estos proyectos concluyen, la inversión tiende a retroceder. Esto indica que la economía uruguaya no ha logrado establecer una corriente constante de inversiones privadas, lo que es esencial para un crecimiento sostenido.

La productividad es otro factor clave que afecta la capacidad de Uruguay para atraer inversión. A pesar de su estabilidad macroeconómica, el país enfrenta desafíos en la adopción de nuevas tecnologías y en la mejora de la eficiencia de sus procesos productivos. Además, la pequeña escala de su mercado interno limita la rentabilidad de muchas inversiones, lo que hace que la inserción internacional sea crucial. Las restricciones impuestas por el Mercosur y los costos logísticos asociados a la distancia de los principales centros de consumo mundial también afectan la competitividad de Uruguay en el mercado global.

A corto plazo, el PIB de Uruguay mostró un crecimiento del 0,8% en el primer trimestre en comparación con el trimestre anterior, y un 0,9% en la comparación interanual. Sin embargo, estas cifras no son suficientes para cambiar el panorama general. Las proyecciones de BBVA apuntan a un crecimiento de solo 1,3% para 2026 y 1,8% para 2027, impulsado principalmente por el consumo privado y las exportaciones de commodities. La inversión, por el contrario, seguirá siendo un punto débil en la economía uruguaya, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad del país para transformar su estabilidad en un crecimiento sostenido.