La economía uruguaya mostró un crecimiento del 0,8% en el primer trimestre de 2026, según el informe de Cuentas Nacionales del Banco Central del Uruguay (BCU). Este incremento se compara favorablemente con el trimestre anterior, donde la actividad económica había mostrado señales de desaceleración. En términos interanuales, el Producto Interno Bruto (PIB) creció un 0,9% en comparación con el mismo período del año anterior, lo que sugiere una leve recuperación en la actividad económica tras una fase de contracción en la segunda mitad de 2025.

El crecimiento del consumo privado fue un motor importante para esta expansión, aumentando un 2,9% en el primer trimestre. Las exportaciones de bienes y servicios también mostraron un crecimiento del 2,3% interanual, aunque las importaciones crecieron a un ritmo más acelerado, alcanzando un 4,7%. Esta dinámica sugiere que, a pesar de la recuperación, Uruguay enfrenta un entorno comercial desafiante, donde el aumento de las importaciones podría estar afectando la balanza comercial del país.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. La Formación Bruta de Capital, un indicador clave de la inversión, experimentó una contracción del 6,4% en comparación con el primer trimestre de 2025. Esta caída se atribuye principalmente a una disminución en la inversión en activos fijos, especialmente en proyectos de infraestructura y vialidad, lo que podría tener repercusiones a largo plazo en el crecimiento económico del país. Además, la desacumulación de existencias también ha contribuido a este descenso, lo que indica una falta de confianza en la demanda futura.

El desempeño por sectores muestra que áreas como Transporte y Almacenamiento, así como Servicios Financieros, tuvieron un crecimiento positivo, mientras que sectores como Construcción y Agropecuario enfrentaron caídas significativas. Este panorama sectorial sugiere que la recuperación no es uniforme y que algunos sectores podrían estar enfrentando desafíos estructurales que limitan su crecimiento. Con un entorno de inversión más cauteloso, tanto el sector privado como el oficial han revisado a la baja sus proyecciones de crecimiento para el año, lo que podría impactar en la confianza del consumidor y en las decisiones de inversión.

De cara al resto de 2026, las expectativas de crecimiento han sido ajustadas a la baja. Los analistas prevén que la actividad económica se expanda solo un 1,3% al cierre del año, inferior al 1,9% proyectado a principios de enero. Por su parte, el gobierno ha revisado su proyección oficial a un 1,6%, también por debajo del 2,2% inicialmente planteado. Este ajuste en las expectativas refleja un entorno económico más cauteloso y podría influir en la toma de decisiones de los inversores en la región, especialmente en un contexto donde los mercados de Brasil y Argentina también están experimentando sus propias dinámicas económicas.