Desde el 8 de marzo de 2026, China ha intensificado la retención de barcos mercantes de bandera panameña, alcanzando un total de 272 embarcaciones hasta la fecha. Este fenómeno ha sido justificado por el gobierno chino como parte de inspecciones estatales, pero en realidad, se considera una represalia por la decisión de la Suprema Corte de Panamá de revocar la concesión a CK Hutchison Holdings para operar dos de los puertos más importantes del Canal de Panamá. En abril, la cifra de barcos retenidos fue 6,4 veces superior a la media del año anterior, lo que indica un cambio drástico en la dinámica comercial entre ambos países.

La situación se ha vuelto crítica, ya que los puertos de Balboa y Cristóbal son estratégicos para el comercio mundial, representando un punto de conexión vital entre los océanos Atlántico y Pacífico. La decisión del gobierno panameño de retirar la concesión a CK Hutchison, que había operado estos puertos durante casi 30 años, ha generado tensiones significativas en las relaciones entre Panamá y China. La administración de Trump ya había mostrado preocupación por la influencia china en la región, lo que añade un contexto geopolítico complejo a esta disputa.

Las retenciones de barcos han causado interrupciones en las cadenas de suministro y han aumentado los costos logísticos para las empresas que dependen del transporte marítimo. Alicia García-Herrero, economista del banco Natixis, señala que estas acciones van más allá de la burocracia portuaria y representan una forma de presión económica que busca disuadir a otros países de tomar decisiones similares que puedan perjudicar los intereses de China. Esto podría tener repercusiones no solo para Panamá, sino también para otros países de la región que mantienen relaciones comerciales con Beijing.

La respuesta de China incluye no solo la retención de barcos, sino también la suspensión de servicios de contenedores en el puerto de Balboa y la presión sobre las principales empresas navieras del mundo, como Maersk y MSC, para que no acepten contratos relacionados con los puertos panameños. Esto podría afectar significativamente el comercio entre Estados Unidos y Panamá, dado que una porción considerable de la carga que transporta Estados Unidos utiliza la bandera panameña. La Comisión Marítima Federal de EE. UU. ha expresado su preocupación por las posibles consecuencias comerciales de estas acciones.

A futuro, es crucial observar cómo se desarrollan las relaciones entre Panamá y China, especialmente con la posibilidad de que otros países de la región tomen nota de esta situación. La presión económica ejercida por China podría influir en decisiones políticas y comerciales en América Latina, donde la influencia de Estados Unidos y China sigue en competencia. La situación también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del registro de barcos panameños, ya que empresas chinas de leasing marítimo están exigiendo cambios en los registros, lo que podría afectar la competitividad del país en el sector marítimo.