El índice Ibovespa de Brasil, que había acumulado ganancias de dos dígitos a finales de abril de 2026, sufrió una caída del 7% en mayo, marcando su peor desempeño desde febrero de 2023. En los primeros días de junio, la tendencia negativa continuó con seis sesiones de pérdidas, lo que ha generado incertidumbre entre los inversores sobre la continuidad de la realocación de recursos hacia mercados emergentes. Este fenómeno no es exclusivo de Brasil; otros países como México, Perú, Chile e India también han experimentado caídas significativas en sus bolsas en los últimos meses.

El informe de Elos Ayta destaca que, tras un enero prometedor donde Brasil (+12,56%), Colombia (+19,67%) y Perú (+21,78%) lideraron las ganancias entre los mercados emergentes, la volatilidad comenzó a aumentar a partir de abril. Durante mayo, el índice Ftse China 50 cayó un 3,47%, mientras que el Hang Seng Index retrocedió un 2,31%. En el contexto de junio, las caídas se generalizaron: México perdió un 5,49%, Perú un 3,91%, Brasil un 2,97% y Chile un 3,13%. La única excepción positiva fue Colombia, que mostró un desempeño relativamente mejor.

Este cambio abrupto en la dirección de los mercados emergentes plantea una pregunta crucial para los inversores: ¿se ha terminado la realocación global que favorecía a estos mercados, o simplemente se encuentra en un periodo de pausa? Luis Castro da Fonseca, socio-fundador de Nest Asset Management, considera que es prematuro declarar el fin de este movimiento. A su juicio, la desaceleración observada no necesariamente indica una reversión estructural, sino que podría ser una fase normal dentro de un ciclo más amplio. En 2025, los mercados emergentes habían tenido un rendimiento superior al de los mercados desarrollados, y en 2026 se repitió un patrón similar.

Las salidas de capital de los mercados emergentes, que alcanzaron aproximadamente 215 mil millones de dólares tras el aumento de tensiones en el Medio Oriente, han sido un factor determinante en la reciente volatilidad. Aunque estas retiradas se concentraron en mercados como India y Brasil, JP Morgan sostiene que no se ha producido un choque sistémico en el universo emergente. Sin embargo, los altos tipos de interés en Estados Unidos y un dólar fuerte continúan siendo obstáculos para una recuperación más robusta. Además, la rotación de capital hacia el sector tecnológico ha afectado a los mercados más dependientes de las materias primas, lo que ha llevado a una mayor divergencia en el rendimiento de los diferentes países emergentes.

La reciente firma de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto en el Medio Oriente podría abrir una nueva ventana de oportunidades para los mercados emergentes. Este desarrollo, que se anunció el 14 de junio, podría aliviar las tensiones geopolíticas que han influido en las expectativas de inflación y tasas de interés. Si la reducción de tensiones se traduce en un descenso de los precios del petróleo, esto podría mejorar las perspectivas económicas y permitir un ciclo de recortes de tasas de interés, lo que beneficiaría a los activos emergentes. Sin embargo, los desafíos internos de Brasil, como la presión fiscal y la incertidumbre electoral, también jugarán un papel crucial en su recuperación.

A medida que los inversores evalúan las implicaciones de estos cambios, es fundamental observar cómo se desarrollan las condiciones macroeconómicas y la evolución del sector tecnológico en Estados Unidos. La percepción sobre la inteligencia artificial y su impacto en los flujos de inversión será clave para determinar si los mercados emergentes, incluido Brasil, pueden volver a atraer capital de manera sostenida. Además, la posibilidad de un debilitamiento del dólar podría favorecer una recuperación más amplia en los mercados emergentes, aunque los riesgos climáticos, como el fenómeno de El Niño, también podrían influir en la oferta de alimentos y energía, añadiendo una capa adicional de complejidad a la situación.