La inflación en Argentina ha mostrado un cambio de tendencia significativo, marcando un 2,1% en mayo, el nivel más bajo desde septiembre de 2025. Este dato representa la segunda caída consecutiva, tras un largo periodo de aumentos constantes que se habían prolongado por diez meses. La noticia se produce en un contexto donde el riesgo país también ha cedido, alcanzando 443 puntos básicos, el nivel más bajo en ocho años, impulsado por una mejora en la calificación de la deuda por parte de S&P.

El descenso en la inflación es especialmente relevante dado que las proyecciones de las consultoras anticipaban un incremento en el índice de precios, con estimaciones que oscilaban entre 2,3% y 2,5%. Sin embargo, el dato de mayo ha sorprendido a los analistas y ha generado expectativas de que la tendencia a la baja pueda continuar. Los primeros datos de junio sugieren que el rubro de alimentos, que tiene un peso considerable en el índice de precios al consumidor (IPC), podría mantenerse controlado, con incrementos de solo 0,1% en la primera semana y 0,6% en la segunda.

El comportamiento de los precios de los alimentos está influenciado por factores estacionales y por la dinámica del consumo, que se ha visto afectada por salarios estancados. Esto limita el margen para nuevas remarcaciones, lo que podría contribuir a mantener la inflación en niveles más bajos. Además, el tipo de cambio no presenta tensiones significativas, a pesar de que el Banco Central ha estado comprando divisas de manera sostenida, acumulando más de 10.600 millones de dólares en lo que va de 2026. Esta estabilidad en el tipo de cambio se debe a un flujo constante de divisas, impulsado por el sector agropecuario, la minería y la energía.

La situación actual plantea interrogantes sobre si el Gobierno aprovechará la desaceleración de la inflación para permitir un ajuste en el tipo de cambio, en medio de presiones sectoriales por la competitividad. Las tarifas de servicios públicos también son un punto crítico, ya que el Gobierno ha tomado medidas para evitar que el aumento en los precios internacionales del petróleo impacte en los precios locales. Por ejemplo, YPF ha implementado un mecanismo para absorber la volatilidad de los precios internacionales, lo que se ha reflejado en un aumento moderado del 2% en el rubro de transporte en mayo, tras un incremento del 4,4% en abril.

Los analistas son cautelosos respecto a la sostenibilidad de esta tendencia a la baja en la inflación. Fernando Marull, economista que acertó en su proyección de 2,1% para mayo, anticipa que junio podría perforar el 1,9%. Sin embargo, el consenso del mercado había previsto que este nivel se alcanzara recién en agosto. Esto sugiere que las proyecciones de inflación podrían revisarse a la baja, cambiando el foco de atención hacia la sostenibilidad del proceso de desinflación. La consultora ACM también destaca que, aunque se espera que los bienes continúen actuando como ancla en la desinflación, la inflación en servicios podría seguir mostrando un mayor impulso debido a la corrección de precios y la reducción de subsidios.

En resumen, el panorama inflacionario en Argentina está en un momento de transición, con la esperanza de que la tendencia a la baja se mantenga. Sin embargo, la experiencia reciente sugiere que pueden surgir altibajos. Los próximos meses serán cruciales para evaluar si esta desaceleración es sostenible y qué medidas tomará el Gobierno en respuesta a las presiones inflacionarias y cambiarias.