El sector pesquero brasileño se encuentra en un momento crucial, ya que auditores de la Unión Europea (UE) están realizando visitas en Brasil durante junio de 2026 para evaluar las condiciones de producción nacional. Este proceso es fundamental, dado que las exportaciones de productos pesqueros brasileños están bloqueadas en el bloque desde 2017. Un resultado positivo de esta auditoría podría abrir nuevamente el mercado europeo para productos como la lagosta, el atún y la tilapia, que han enfrentado desafíos significativos debido a la pesca ilegal y las condiciones climáticas adversas.

Desde 2017, la UE ha cuestionado las condiciones de pesca en Brasil, especialmente en lo que respecta a la seguridad y la sostenibilidad de las embarcaciones. Ante la posibilidad de un veto a las exportaciones, el gobierno brasileño decidió suspender los envíos en 2017, lo que llevó a un banimento completo en 2018. Este bloqueo ha tenido un impacto considerable en las exportaciones, que anteriormente representaban el 14% del total de pescados brasileños dirigidos a la UE. Desde entonces, el país ha redirigido sus envíos principalmente hacia Estados Unidos y ha visto un aumento en la competencia de países asiáticos.

La historia de las relaciones pesqueras entre Brasil y Europa no es nueva. Desde los años 60, las tensiones han surgido, como se evidenció en la denominada "Guerra de la Lagosta", donde la captura ilegal de este crustáceo por embarcaciones francesas provocó un conflicto diplomático. A pesar de las medidas implementadas para proteger la población de lagostas, como cuotas anuales y restricciones de captura, la pesca ilegal sigue siendo un problema persistente. En 2025, se registró la mayor incautación de trampas para la captura de lagostas en Brasil, lo que subraya la gravedad de la situación.

El impacto de fenómenos climáticos como El Niño también está afectando la pesca en la región. Se prevé que un "Super El Niño" en 2026 eleve las temperaturas del océano, lo que podría alterar las rutas migratorias de los peces y afectar la disponibilidad de especies clave. La calidad del atún brasileño, que compite con productos europeos, podría verse comprometida por el tiempo de transporte, lo que afecta su competitividad en el mercado. Además, la pesca irregular de atunes y otros animales asociados sigue siendo un desafío, con un impacto negativo en la biodiversidad marina.

De cara al futuro, la expectativa es que la auditoría de la UE, que se lleva a cabo del 8 al 19 de junio, arroje resultados favorables. Esto podría abrir nuevas oportunidades para el sector pesquero brasileño, que busca diversificar sus mercados y reducir su dependencia de Estados Unidos. La Asociación Brasileña de Piscicultura ha expresado su preparación para cumplir con los estándares de la UE, lo que podría facilitar la reanudación de exportaciones. Sin embargo, los desafíos de sostenibilidad y rastreabilidad siguen siendo preocupaciones clave que deberán ser abordadas para garantizar un futuro próspero para la industria pesquera brasileña.