La economía mexicana enfrenta un estancamiento preocupante, con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que apenas alcanzará un 1.1% anual entre 2018 y 2025. Este dato contrasta drásticamente con el aumento del comercio exterior, que ha pasado de 55,000 millones de dólares en 1993 a más de 800,000 millones en 2022. A pesar de este incremento en las exportaciones, la riqueza del país no ha crecido al mismo ritmo, lo que plantea serias preguntas sobre la efectividad del modelo económico actual.

Desde el sexenio de José López Portillo, donde se registraron tasas de crecimiento cercanas al 6%, México ha visto un declive constante en su PIB. Entre 2000 y 2018, el crecimiento promedio fue de solo 1.9% anual, y las proyecciones para el futuro no son más alentadoras. Este estancamiento se traduce en un aumento de las desigualdades y la pobreza, problemas que han persistido y se han agravado con el tiempo. La falta de inversiones, empleos y salarios adecuados son factores que contribuyen a esta situación, además de un contexto político que complica aún más el panorama.

El modelo económico que ha prevalecido en México durante las últimas décadas ha priorizado la integración con Estados Unidos y Canadá, relegando el fortalecimiento del mercado interno. Este enfoque ha dejado al país vulnerable a la competencia internacional, especialmente tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994. Aunque el TLCAN buscaba facilitar el comercio y fomentar la competitividad, su impacto en el crecimiento económico y el desarrollo social ha sido limitado, con el sector exportador convirtiéndose en el único motor significativo de la economía mexicana.

Las implicancias para los inversores son claras: la falta de crecimiento sostenido en el PIB y la dependencia de las exportaciones pueden generar incertidumbre en el mercado. La inseguridad pública y la inestabilidad política también son factores que desincentivan la inversión. Si el gobierno mexicano no logra transformar su modelo económico hacia uno más inclusivo y centrado en el mercado interno, el riesgo de un estancamiento prolongado aumentará, afectando tanto a la economía local como a las oportunidades de inversión.

A futuro, es crucial monitorear las políticas económicas que se implementen, especialmente en el contexto de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La postura de Estados Unidos hacia México, marcada por una política proteccionista, podría influir en la capacidad del país para atraer inversiones. Además, la situación política interna y la respuesta del gobierno ante las crecientes demandas sociales serán determinantes para el rumbo económico del país. Las elecciones presidenciales de 2024 también podrían traer cambios significativos en la dirección económica de México, lo que es fundamental para los inversores que buscan oportunidades en la región.