Las científicas argentinas Anabela Guilarducci y María Gabriela Paraje han desarrollado una innovadora tecnología para reparar fisuras en hormigón utilizando bacterias. Esta iniciativa, que ha dado lugar a la startup CalFix, se basa en la idea de que si los microorganismos pueden reparar piedra, también pueden hacerlo con el hormigón. En pruebas de laboratorio, su formulación ha demostrado ser capaz de sellar fisuras de hasta cuatro milímetros en menos de una semana, lo que representa un avance significativo en el ámbito de la construcción y la biotecnología.

La creación de CalFix se originó en el CECOVI de la UTN Santa Fe, donde se llevaron a cabo los primeros experimentos con hormigón. En paralelo, en la Universidad Nacional de Córdoba, Paraje identificó el microorganismo adecuado que puede sobrevivir en el hostil entorno del hormigón. Este microorganismo, no patógeno y certificado por la OMS, es capaz de inducir un proceso de mineralización que sella las fisuras de manera efectiva, produciendo calcita, un material compatible con el hormigón. Esta innovación no solo tiene el potencial de mejorar la durabilidad de las estructuras, sino que también podría reducir el impacto ambiental asociado con la producción de hormigón, que es uno de los materiales más contaminantes del mundo.

El mercado global de reparación de hormigón está valorado en aproximadamente 20.000 millones de dólares, mientras que el segmento de autorreparación, al que apunta el aditivo de CalFix, alcanza los 60.000 millones de dólares. Esto indica un gran potencial de crecimiento para la startup, especialmente considerando que las microfisuras en el hormigón son inevitables y, si no se tratan, pueden llevar a reparaciones costosas o incluso al reemplazo completo de las estructuras. Las constructoras están cada vez más interesadas en soluciones que no solo sean efectivas, sino que también ofrezcan ahorros significativos en costos y reduzcan el desperdicio de materiales.

El primer gran impulso para CalFix llegó en 2025, cuando el fondo de capital de riesgo GridX seleccionó su proyecto para su programa Ignite, lo que permitió formalizar la startup. Recientemente, CalFix fue elegida para el programa Blueprint del MIT, donde las científicas recibieron formación en aspectos empresariales cruciales, como modelos de negocio y financiamiento. Este tipo de apoyo es fundamental para transformar una idea innovadora en un producto comercializable, y la participación en estos programas prestigiosos subraya la viabilidad y el potencial de la tecnología desarrollada.

A medida que CalFix avanza hacia pruebas piloto en estructuras reales, el interés de inversores se vuelve crucial. La startup busca financiación para llevar a cabo estas pruebas, que son esenciales para validar su tecnología en condiciones del mundo real. Si los resultados son positivos, el enfoque se trasladará al aditivo, que ha generado un gran entusiasmo en el MIT y Harvard, y que podría diferenciar a CalFix en el mercado global. La historia de CalFix no solo es un ejemplo de innovación argentina, sino también un indicativo del potencial que tiene el país para desarrollar tecnologías que aborden problemas globales, como la sostenibilidad en la construcción.